Si por la Iglesia Católica fuera no habría discriminación”

Manuel Velandía inició su ensayo con estas palabras:

Si fuera por la jerarquía de la iglesia católica, la tierra sería todavía plana, la inquisición estaría vigente, la medicina se seguiría considerando brujería, las mujeres sólo servirían para hacer oficio en la casa y no existiría la planificación familiar. Sus posturas ultraconservadoras no sólo son anacrónicas, sino que sus líderes usan irresponsablemente su capacidad de mover la opinión pública para “crucificar” a los que no piensan como ellos. Y ello es claro en las declaraciones recientes del episcopado sobre el más reciente fallo dela Corte Constitucional que reconoce como familia a las parejas del mismo sexo.”

Lo que le valió la siguiente apologética respuesta a favor de la Iglesia Católica:

Velandia, si por la Iglesia Católica fuera: cada ser humano incluido usted Velandia, incluida yo, incluido cada uno de los violentos, de los pederastas, de los traficantes de drogas, cada uno, amaría a Dios con toda su alma, con toda su mente y con todo su corazón y amaría a su prójimo es decir a la persona que tiene a su lado, como se ama a sí mismo, y en ese orden de ideas, nadie discriminaría a nadie, nadie juzgaría a nadie, cada uno acogería al otro con amor, le daría asistencia; nadie pasaría hambre, nadie iría en contra de si mismo luego, nadie maltrataría su cuerpo; si por la Iglesia Católica fuera, nadie pasaría o frío o soledad, si por la Iglesia Católica fuera, este mundo estaría habitado solo por el amor que implica respeto a si mismo y al hermano, que implica amor y asistencia a si mismo y al hermano luego, nadie corrompería a nadie y se habrían librado entonces, todos los niños que hoy militan en su oscuro mundo de caer en las siniestras garras del homosexualismo, enfermedad del tejido social que está socavando hogares, escuelas, universidades, familias y hasta a la misma iglesia; si por la iglesia fuera los homosexuales nunca se sentirían rechazados, serían acogidos con amor y serían sometidos a una terapia reparativa de su desorden psicológico que les prodigara una nueva y feliz vida… pero Iglesia Católica no puede ir en contra de la libertad de cada uno, ella simplemente propone y cada uno dispone; así pues, siga despachándose contra la Iglesia Católica mientras ella lo acoge, lo ama y lo invita a cambiar de vida y reparar el daño que ha hecho a quien sabe cuantos jóvenes.

Respuesta de Sin Dioses

Señora Luz Angela:

Encontré su respuesta en la columna del señor Velandia, y noté como con ahínco defiende la Iglesia Católica, mayoritaria en Hispanoamérica y en la que muchos de nosotros fuimos bautizados e influidos culturalmente.

No pretendo que abandone esta denominación, aunque la verdad me encantaría que millones lo hicieran, pero, me conformaría mínimamente con que conociera un poco más de la historia de la iglesia que con tanta fiereza defiende. Por eso me tomé el atrevimiento de acercarle un poco de conocimiento, ya que usted no ha tenido la fortuna de buscarlo o de topárselo en alguna obra de historia y de psicología independiente. Lo cual no es delito suyo. Pero tranquila, estoy para colaborarle.

“Si por la Iglesia Católica fuera: cada ser humano incluido usted Velandia, incluida yo, incluido cada uno de los violentos, de los pederastas, de los traficantes de drogas, cada uno, amaría a Dios con toda su alma”.

¿Y qué se saca con amar o creer en Dios? Bien puede usted hacer una encuesta en las cárceles y encontrará que la inmensa mayoría dice creer y amar al dios de la Biblia (no estamos hablando de Thor, de Bachué o Chicomecoatl). Los actos de estos personajes se deben a que en su escala de desarrollo moral se quedaron en el nivel preconvencional, en el que prevalece el temor al castigo, y favorecer los propios intereses. Curiosamente, la iglesia que usted defiende por siglos impuso la obediencia por temor al fuego del infierno. Cosa que nos deja en nivel bajo de evolución moral. El nivel de desarrollo moral más alto es el de los principios éticos universales, y para alcanzarlos no se requiere de la Iglesia católica, ni religión alguna. Sospecho además que pretender fomentar la moral por temor al fuego eterno, y calificando de enfermos a gays y lesbianas, y declarando como malos a los ateos, es poco útil para fomentar una sociedad con un desarrollo moral alto.

Me parece curioso también que parte del clero católico mexicano recibió con agrado las donaciones de narcos, sin chistar palabra, ni repudiar el acto. En Pachuca, Hidalgo el líder Zeta Heriberto Lazcano donó dinero para construir una iglesia. Parece ser que el amor de Heriberto Lizcano hacía Dios y la Iglesia Católica no lo alienta a abandonar sus acciones ilegales. ¿Algo qué decir?

“Si por la Iglesia Católica fuera… nadie discriminaría a nadie, nadie juzgaría a nadie, cada uno acogería al otro con amor… nadie maltrataría su cuerpo”

Esta, señora Luz Angela, que me parece más alejada de la verdad. Y lo que motivó enviarle mi respuesta.

La iglesia Católica es campeona en discriminar. Y no lo digo solo por su enconada campaña de declaraciones homofóbicas de la actualidad.

Por ejemplo, el 14 de mayo del 576 el obispo de Clermont-Ferrand, Francia, recomendó a los judíos después de que una horda destruyó la sinagoga de la ciudad:

“Si estáis dispuestos a creer como yo, convertiros en uno de nuestra feligresía y seré vuestro pastor; pero si no estáis dispuestos, partid de este lugar”. Alrededor de quinientos judíos de Clermont se convirtieron, y hubo celebraciones en la cristiandad. Los otros judíos partieron a Marsella.

¿Le parece terrible la persecución nazi hacía los judíos? Pues su amada iglesia, fue la que sembró el antisemitismo en Europa, con los Padres de la Iglesia, que hoy considera santos y padres de doctrina, tales como San Agustín, San Jerónimo, San Efraín, San Juan Crisóstomo, entre otros.

San Juan Crisóstomo (347-407), por ejemplo, afirmó:

“Cómo pueden los cristianos atreverse a sostener la mas mínima conversación con judíos, los más miserables de todos los hombres, hombres que son… concupiscentes, rapaces, avaros, bandidos pérfidos. ¿Acaso no son ellos asesinos, destructores, hombres poseídos por el demonio a quienes la mala vida y la embriaguez han entregado a las costumbres de los cerdos y la cabra concupiscente? Ellos solo conocen una cosa: satisfacer sus agallas, emborracharse matar y estropear…”

El Papa n° 207 de su iglesia, Eugenio IV en 1434 eliminó la posibilidad de que los judíos puedan asistir a una universidad. También Eugenito recrudeció las limitaciones de vivienda y les obligó a atender sermones de conversión, y les impuso vestir ropas distintivas, algo que siglos después Hitler, quien se autodenominó católico, copió a la perfección. Y hablando de este último. Si, el del bigotico. Contó con el silencio cómplice del papa N° 260, Pío XII, quien no dijo mucho en contra el exterminio de judíos y absolutamente nada sobre el exterminio de homosexuales, también en los campos de concentración de los nazis.

¿Y a estos llama su iglesia santos y vicarios de Cristo? ¿Y ahora usted viene a decir que su iglesia es ejemplo de tolerancia? A otro perro con ese hueso.

¿Y qué decir de su actitud con los valdenses, hugonotes y otros grupos que denominó heréticos? ¿Les envió un hermoso sermón desde una ventanita en El Vaticano? No. Cuando la Iglesia tenía el sartén por el mango, mandaba a sus detractares a la parte caliente. A la hoguera, al potro de torturas, a la cuna de Judas, a la doncella de hierro, al aplasta cráneos, o los pasó por la espada. Esta última, por ejemplo, fue usada en la cruzada contra los albigenses, en 1209. Allí se mataron 20.000, sin importar sexo ni edad. Su pecado: Creer algo diferente a lo que El Vaticano impuso.

Y ocurre, señora Luz Angela, que si la Iglesia hoy habla de derechos humanos (como lo hace en Colombia para criticar a los asesinos de las FARC), no es porque esta declaración humansita fuera fruto suyo. No. Ni más faltaba. En tiempo de la Revolución francesa, en dónde surgió la declaración de derechos, la iglesia se opuso al sistema republicano y constitucional con la misma fuerza que hoy se enfrenta al matrimonio igualitario y la adopción homoparental. Para la Iglesia, un estado sin un rey era un atentando contra el orden establecido, una separación entre iglesia y estado, blasfemo, y la libertad de credos, algo intolerable. Los derechos humanos han surgido a pesar de la iglesia, no por ellos. Le agrego que El Vaticano, es uno de los pocos que no ha suscrito la declaración de Derechos Humanos, junto con estados islámicos. ¿Le dice eso algo? ¿Y ahora dice usted que si fuera por esta iglesia habría tolerancia?

“Si por la iglesia fuera los homosexuales nunca se sentirían rechazados, serían acogidos con amor y serían sometidos a una terapia reparativa de su desorden psicológico que les prodigara una nueva y feliz vida”

Y sigue la cadena de falsedades. La misma Iglesia rechazó en marzo de 2011 una declaración de la ONU que condena la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género. Algo que dice de su naturaleza homofóbica. Ponerse en el mismo bando de Irán donde los homosexuales son ahorcados, o que Arabia Saudita donde hay cárcel y también pena de muerte es absurdo, aunque comprensible para una institución que mandó a la hoguera a los homosexuales.

La homosexualidad no es una patología como usted afirma. El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud. Así que si no es patología no merece una terapia reparadora.

La homosexualidad ha estado presente en todo tiempo y toda cultura, y varios estudios etológicos muestra que está ampliamente extendida en el reino animal. Si bien es cierto, que no favorece la perpetuación de los genes, su bajo porcentaje en la población humana, como lo mostró el doctor Kinsey, no representa ningún riesgo para la perpetuación de la especie. Ahora bien, lo que si es patológico es el odio, la homofobia, el rechazar de entrada a una persona por su orientación sexual, sin darle chance de conocerle individualmente. Algo muy parecido a lo que hizo el católico San Juan Crisóstomo, antes citado, cuando fomentaba el antisemitismo con generalizaciones negativas.

Las terapias reparadoras no traen un cambio en la orientación sexual del individuo homosexual. En muchísimos casos lo que hacen es aumentar los sentimientos de auto-rechazo y pueden desembocar en suicidios de estos jóvenes.

El prestigioso psiquiatra Robert Spitzer, que tras revisar una serie de 200 casos de personas que se habían sometido a dichas “terapias” publicó que hasta un 66% de los hombres y un 44% de las mujeres referían haber conseguido una “buena funcionalidad heterosexual”. Para definir esta “buena funcionalidad” se valoraron una serie de criterios. Por ejemplo, que la persona no pensara en alguien de su mismo sexo más del 15% de las veces que se acostaba con alguien de distinto sexo. Obviamente, con este porcentaje tan bajo la metodología recibió muchas críticas y recientemente ha admitido que estas eran acertadas, lo que muestra lo prácticamente nulas que resultan tales terapias.

Muchos pacientes de estas terapias han reportado tratos crueles, choques eléctricos y otros vejámenes, más cercanos a la tortura que a la terapia. Pero, la terapia que por siglos usó la Iglesia católica con los homosexuales fueron las torturas o la hoguera. El pío emperador Teodosio, que llevó el catolicismo como religión oficial a todo el imperio romano, ordenó en el año 438 quemar a todos los homosexuales pasivos y en el 533 Justiniano castigaba cualquier acto homosexual con la castración y la hoguera, ley que se hizo más estricta en el 559. La iglesia católica española utilizó en el Renacimiento como “terapia reparadora” el látigo, y como método más cruel enviar a los homosexuales a los extenuantes trabajos de impulsar las galeras remando. Sin duda castigos semejantes volvería a imponer de volver a tener el poder absoluto de antaño.

Pero déjeme terminar con la mención de un poco de evidencia sobre el tema de las familias homoparentales. La doctora María del Mar González de la Universidad de Sevilla llevó un estudio con 28 familias homoparentales con hijos, 21 de madres lesbianas y 7 de padres gay, y encontró en los chicos buena salud mental y alta autoestima. Los investigadores no encontraron nada anormal ni aberrante. Una adolescente hija de uno de los hogares afirmó:

“Pues como todo el mundo, como todas las familias, discutimos a veces por las cosas, discutimos por las notas, pero lo normal, estamos bien, como todas las familias, normal” (Mag, 19 años).

Otra hija de estos hogares manifestó:

“Aprendí a montar en bicicleta, iba a fiestas de cumpleaños, iba al colegio, todo normal, pero lo que pasaba es que yo tenía una madre y una madre, y a lo mejor los otros tenían un padre divorciado con otra familia, una madre con un padre, una madre viuda… Yo he hecho una vida completamente normal, las necesidades básicas cubiertas, un colegio, de aprender, de crecer, de ser autosuficiente, ¿Qué más pido a una persona? (Vi, 22 años).

¿Qué nos muestra este u otros estudios en el Reino Unido y los Estados Unidos? Que no hay nada malo en que homosexuales en pareja adopten o tengan hijos propios. Cuando su iglesia se opone, lo que hace es reforzar estereotipos negativos, y considerar a los homosexuales ciudadanos de segunda clase. Cosa común en su historia discriminatoria.

La Iglesia Católica ignora o no acepta la evidencia de psicólogos y psiquiatras modernos, como el estudio de María del Mar González, el de Enrique Arranz en el País Vasco, o el de Stephen Scott en el Reino Unido. Pero otra vez nos encontramos con algo que no es nuevo en su Iglesia. Eso hizo con Copérnico y con Galileo. Por eso reafirmo las palabras de Manuel Velandia:

“Si fuera por la jerarquía de la Iglesia Católica… el Sol todavía se movería alrededor de la Tierra”.

Atentamente,

Ferney Yesyd Rodríguez Vargas
Coeditor SinDioses.org

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