Esperaría conductas más atinadas de mis muertos y mi alma

Estuvieron bailando toda la noche. Era una chica hermosa, inteligente, alegre y le gustaba mucho. La dejó en su casa pasada la media noche y ella se fue con su chaqueta en los hombros; para él, era el paso seguro para verla otra vez. Al día siguiente por la tarde se encontraba frente a la puerta de la hermosa chica, le preguntaba a su madre, precisamente, si la podía ver. Pero el rostro materno palideció y no le regalaría buenas noticias.

—¿Qué me está diciendo?

—Estás hablando de mi hija. Mi hija falleció hace tres años.

—¡¡Pero la vi anoche, bailamos, la dejé aquí, la pasamos bien!!

—Ven, pasa, te enseñaré su foto.

Y miró fotos y escuchó anécdotas. A ella le gustaba bailar y lo había hecho varias veces ya muerta. Era tan apabullante lo que asimilaba que olvidó preguntar por su chaqueta, de hecho, no la recordó hasta más tarde cuando se acercaba a su tumba caminando en el cementerio y la miró allí, tiernamente doblada encima de la lápida.

Linda historia, ¿no? Tan sensiblera y extraordinaria como superficial y vacua. En mi país existen muchas variaciones de ella y de otras. Las almas parecen andar por todos lados, tener identidad, ser perceptivas y sentir como cualquiera de nosotros; los muertos salen, nos aseguran, a veces a través de otras personas o juegos, a veces en sueños y otras veces cuando menos lo esperas. Pero, ¿cómo creer estos fantásticos cuentos y eliminar la posibilidad de la existencia de un hechizo, de que no existen unicornios o de que sólo hay un dios y es el señor Pitufo?

Thomas Edison fue conocido materialista. El genio del bombillo, el fonógrafo y la cámara de imágenes en movimiento junto a otras exquisiteces, se movía como escéptico en una era extremadamente espiritual. Además de expresarse en contra del concepto religioso de Dios, Edison también era conocido por su trabajo con las ‘unidades de vida’. El científico afirmaba que era posible inventar una máquina con la capacidad de medir estas microscópicas unidades. Edison explicaba que no pensaba que estas unidades pudieran retener una personalidad pero creía que a lo mejor, luego de morir, se unían y creaban una nueva vida. Pues bien, existía el rumor de que antes de morir, Edison había dejado en algún lugar los planos para manufacturar la máquina.

Mary Roach, en su libro, “Fiambres” (Stiff), siguió el rastro espiritista del aparato de Edison. Resulta que con una tabla de Ouija, unas personas se comunicaron con el científico quién les dio dos direcciones para conseguir los deseados planos. Las direcciones produjeron una tercera donde un militar, quien no sólo tenía los planos sino que aseguraba haber producido la máquina y medido las unidades de vida. Era un descubrimiento apabullante, magnífico, impresionante. Pero nada lo avalaba y no pudo ser replicado pues el militar no supo basar sus resultados en una fórmula aceptable. Una pena que Edison gastara toda su energía en aparecer a través de una tabla de Ouija para tan sólo exponer direcciones indirectas hacia una meta sin resultados positivos, en vez de contar algo realmente útil. Pasmoso que estas cosas no activen nuestro sistema contra pendejadas en el cerebro; especialmente cuando la gente se muestra fervorosamente escéptica frente a cualquier propuesta científica.

Es, ciertamente, un desacertado concepto; y los métodos que han sido usados hasta el momento para hablar con los muertos son inverosímiles, imposibles de aceptar. Por ejemplo, es insostenible la idea de que un materialista que intentaba conciliar el mundo espiritual con la ciencia, como el genio que fue Edison, no llegase con noticias tangibles, directamente donde alguien que pudiese hacer algo al respecto y que entendiera la grandeza de lo que ocurría. Decepcionante debe ser aceptar que un hombre como él sólo pudiera manifestarse a través de un médium, una tabla de madera con números y letras, para expresar ocurrencias inútiles, calles sin salida y nulos resultados.

Siempre me ha molestado esa forma imprecisa e indirecta de los muertos para hacer conexión. He escuchado y leído explicaciones vagas sobre el tema, que tampoco explican el extraordinario evento con cualquier tipo de profundidad. Las personas se valen de radios, cajas de estáticas en teléfonos, médiums, juegos de mesa, televisores, psíquicos y aparatos varios para contactar con el ‘más allá’. Aseguran que es difícil la comunicación con estas personas porque, al parecer, el más allá está muy lejos, más lejos que el Universo mismo, o está en otra dimensión o está cerrado y los muertos no deben de ser molestados. Pero la verdad es que no los dejan en paz. Existe toda una morrocotuda organización que se vale de la comunicación sobrenatural para sobrevivir; vende mensajes genéricos, fraudes, lecturas en frío y fenómenos estudiados en psicología como la validación subjetiva y, sobretodo, la vulnerabilidad del individuo que busca con deseo esta conexión, para continuar comerciando sus muertos engañosos. No es justo que tengamos que respetar y aceptar fantasías sin sentido y no porque sean difíciles de creer (un agujero negro es realmente difícil de creer) sino porque nos dicen que es obligatorio aceptarlas sin pruebas.

“He recibido el mensaje de una abuela… No se entiende bien lo que dice… creo que su nombre comienza con M…”

La audiencia mira a su alrededor excitada y hasta con un poco de miedo. Las personas suelen participar en estos fraudulentos programas buscando algo de satisfacción para sus creencias, algunos desean validar la idea de que cuando mueran volverán a ver a los que aman. Es un concepto tan especial, tan lindo e ideal, que no sorprende que queramos creerlo, que ansiemos que esa eventualidad nos espere, a pesar de su notable imposibilidad, a pesar de los micrófonos descubierto en los médiums y sus productores que extraían toda la información de los ingenuos y ávidos vivos.

“Para nosotros los que estamos en el negocio de reportar a esos que engañan con maguferías e intentando explicar lo inexplicable, ésta es la que llamo la pregunta difícil: ¿por qué personas inteligentes creen cosas raras? Mi fácil respuesta podría parecer paradójica al principio: la gente inteligente cree cosas raras porque son habilidosas defendiendo las creencias a las que han arribado gracias a razones no-inteligentes”, dice Michael Shermer, psicólogo y autor escéptico. “Existe una lista enorme de las cosas que pueden influenciarnos al momento de creer, de tener fe; predilecciones por parte de los padres, presión de los amigos, la cultura y la sociedad, experiencias educativas, impresiones de la vida, las ideas del hermano, son todos fenómenos que nos marcan con inclinaciones emocionales que adoptamos en nuestra personalidad y aprendemos a defender”.

Así, tu amiga puede decirte que se trata de una decisión personal que la hace crecer, la cual está muy por encima de cualquier debate o discusión; que en otras palabras quiere decir, “no te metas con lo que creo pues no lo quiero o no lo puedo defender”. O tu familiar asegura que el mundo de la magia es tan real como tus manos y que no lo puedes ver porque Satanás te ha cegado y se ha apoderado de tu corazón o porque te has cerrado a dios.

“¿Podría ser María?, ¿Maribel?”

“¿Será mi abuelo Manuel?

Y consiguió su ganador. Con una lectura en frío, abuela María se convierte en abuelito Manuel, quien llega desde el lejano más allá con ganas de hablar trivialidades. Si no te decepciona, por lo menos debería abrirte los ojos. Sin embargo, estamos muy lejos de ello. Existen médiums que ofertan contactar a tu mascota muerta y organizaciones que se encargan de ese perrito sin alma que dejarás atrás cuando Jesús venga y te lleve con él. Todavía no se ponen de acuerdo los cristianos sobre si las demás especies tienen alma o no.

“La mayoría de los médiums me parecen charlatanes perspicaces de un tipo vulgar y muchas veces avaricioso; quizá con una pasión morbosa por la decepción. Desde mi punto de vista, son casi todos deshonestos desde el principio pero la explicación real de su éxito es ser encontrado en un estado entre ser propenso a mentir y a despistar, lo que les da, por un lado, cierto sentido de superioridad y por el otro la apabullante voluntad de creer en parte lo que cree el hombre de fe, que acepta cualquier sugestión y no le ladra a los absurdos”, escribió el psicólogo G. Stanley Hall en su introducción al libro “Estudios en espiritismo”, en 1910.

Sin embargo, el cuento es estupendamente perfecto. Atrapa tus emociones pero deja vacía la razón. Relatan que tienes una sustancia dentro de ti, indetectable, que mantendrá tu identidad, personalidad y todo lo demás y continuará hacia un espacio más allá de la Tierra cuando mueras. Allá te encontrarás con tus seres queridos, tu dios o dioses y demás seres sobrenaturales, cada interpretación del viaje tiene sus normas pero en general, la mayoría piensa que es lo suficientemente buena para entrar al paraíso; muchos hasta piensan que existen personas en el mundo, como clama ser el psíquico James Van Praagh quien tiene una lista de espera de tres años, que sólo necesita escuchar el nombre del fallecido para contactarlo; el nombre es como el número de teléfono.

Ciertamente, aceptar que el abuelo tenga que esperar a que el señor Van Praagh disponga de tiempo para comunicarse con su descendencia y que cuando al fin lo haga, esperando que su descendencia crea en esa ridícula pero popular idea, tomará su tiempo para decir las mismas trivialidades de siempre; pues es más que demasiado. Ya antes lo he dicho, espero conductas más acertadas de mis muertos. Hablamos de humanos capaces de inventar y descubrir, como Edison, es más sensible esperar eventos grandiosos de una aparición como la de él.

El mundo mágico no tiene deseos de ser descubierto precisamente porque no existe. Sus mitos dejan dinero y te hacen sentir bien. De hecho, la mejor forma de aceptar todo el cuento es asumiendo que es un misterio demasiado fantástico para nuestros cerebros que nunca podremos explicar. Sin embargo, la definición misma expone claramente por qué no debemos ni siquiera pensar en afirmarlo, mucho menos dogmatizarlo.

Si tan sólo usara todo mi cerebro…

Es posible ser idiota con el 100% de las neuronas

El mito de que sólo utilizamos un porcentaje del cerebro ha alcanzado dimensiones interpretativas. Sus definiciones se desdoblan y sus explicaciones varían, todos ellos, sin embargo, sólo malinterpretan el funcionamiento cerebral. Los psíquicos han tenido mucho que ver en ello pues del errado concepto surgió la idea de que estas personas son capaces de expandir la actividad cerebral alcanzando así poderes paranormales.

Sin embargo, estamos en una era caracterizada por el conocimiento cerebral. Las investigaciones sobre el órgano de los pensamientos son numerosas, inquisitivas y, gracias a la magnífica tecnología desarrollada para observar y medir la actividad cerebral, profundas; muchas veces enlazadas a la conducta animal. La investigación neurológica nos regala evidentes pruebas sobre el funcionamiento completo del cerebro, casos clínicos permiten que observemos lo que ocurre cuando algún daño sucede y la persona presenta síntomas notables; más aún, las disecciones varias del órgano nos han brindado penetrantes discernimientos respecto a su estructura.

Pero hay un espacio en el cerebro que tiene que ver con la existencia. Cuando el neurocientífico inicia los pasos sobre ese camino que lo traslada al estudio de la conciencia y la ética en el cerebro, se da de bruces con un tema que es considerado por muchos un terreno religioso, por otros, uno filosófico. Muchos especialistas, a pesar de los obstáculos, han decidido tomar esos rumbos; la idea es definir y medir científicamente esos momentos que son tan extraños en la vida que solemos dotarlos de magia. Los sueños, las pesadillas, el sonambulismo, los déjà vu y déjà vecu, las experiencias fuera del cuerpo y esos fenómenos que provocan sensaciones emocionales en nosotros, sentimientos que no podemos explicar y que consideramos extraños. La ciencia los ha estudiado y los resultados los explican cómo errores, como el ejemplo del procesamiento de la memoria en el cerebro que puede provocar un déjà vu. Además, hay personas que sufren de estas ocurrencias de forma crónica y que investigadores de la Universidad de Leeds en el Reino Unido han conseguido hasta crearlas en el laboratorio con un poco de estimulación.

“Pacientes con déjà vecu crónico sienten que casi todo lo que les pasa ya lo había vivido antes. Te acaban de conocer y sienten que te conocían. Es interesante porque muchos quieren asociar estas ocurrencias con el pasado, pero sus descripciones reflejan el presente; algo que está ocurriendo como un error de procesamiento cerebral en el proceso de formar memorias, probablemente eléctrico”, explica Joe Rieds, de Leeds.

Efectivamente, hemos escuchado que el lóbulo temporal es la sede productora de eventos extraños en algunos individuos. Epilépticos con problemas eléctricos en esa área tienden a sentirse espirituales y místicos; personas que han sido operadas y esas regiones manipuladas de alguna forma, tienden a experimentar sentimientos religiosos.

A lo mejor no se puede probar un negativo, es decir, buscar las evidencias de que existe un unicornio plateado en algún otro lugar de este universo, o en otra dimensión, es imposible en estos momentos, pero sí es posible arribar al concepto de que el unicornio no existe y se trata de una invención humana que tiene sus bases, no sólo en la ausencia de evidencias, sino en la propia historia de la especie y en la lógica humana. Los curiosos humanos han descubierto neutrinos, muones, quarks y otras partículas subatómicas que siguen normas que nos alejan aún más de las historias místicas sobre la creación del universo, el origen del ser humano y el significado de su existencia.

En estos días, los religiosos abren más sus mentes para explicar lo que es hoy inaceptable y sustituirlo con la definición correcta; los psíquicos no pueden cerrarla; las posibilidades para ellos son ilimitadas y pueden ser combinadas plenamente: ‘el alma es energía, la energía el alma; los agujeros negros te llevan a otras dimensiones de inmortalidad, somos uno, no sólo con dios, sino con todos los demás extraterrestres en el Cosmos con los que compartimos el mismo polvo estelar’. Ciertamente, el alma parece rebotar de un estado perceptivo donde mantiene su identidad y puede sentir el castigo y la recompensa después de morir, a otro donde es energía capaz de viajar y de convertirse en Uno con el universo.

Yo eliminé ambos rebotes y sus explicaciones. No existe el alma; existe la conciencia en el cerebro y surgió como una mejor forma de que subsistiéramos y desarrolláramos, a lo mejor una forma colectiva de ser aún más inteligentes y beneficiarnos como especie. Pero andamos rebotando todavía.


© 2008-2016 Glenys Álvarez y Sin Dioses. Prohibida la reproducción con fines comerciales.

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