Retrato neurológico del cerebro enamorado
Por Glenys Álvarez

Es indudable que el amor cambia a las personas. Las parejas enamoradas se comportan distinto, no sólo cuando están juntos sino también individualmente.
"Me siento mucho más feliz, como si el mundo entero estuviera cantando una canción"; "siento que vuelo"; "estoy como en las nubes, llena de felicidad"; "me siento motivada hasta para realizar la tarea más difícil en el trabajo". Los relatos de los enamorados están llenos de regocijo, felicidad, bienestar y mucha motivación. De repente, los colores son más intensos y cada canción de amor cobra vida. El amor se asemeja a un tipo de locura temporal donde nos parece imposible el mal humor y la tristeza.
Sin embargo, de acuerdo con nuevos estudios científicos, todas esas emociones son producidas por químicos en el cerebro que tienen una función específica para las especies mamíferas.
El nuevo estudio sobre el amor fue realizado por la popular doctora en antropología Helen Fisher, autora de conocidos libros como el Contrato sexual, que investiga la evolución de la pareja moderna desde tiempos prehistóricos. La doctora y su equipo realizaron los experimentos en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey donde utilizaron la técnica de la resonancia magnética funcional para medir la actividad en las distintas partes del cerebro mientras los voluntarios observaban imágenes distintas en una pantalla.
La resonancia magnética estudia el cerebro tomando medidas de la velocidad de la sangre en áreas específicas. Cuando realizamos una actividad, la región cerebral que se encarga de elaborar las funciones que conforman la tarea se llenan de sangre. Esto se debe a que el cerebro necesita oxígeno y glucosa para trabajar y cada vez que usamos una región distinta para una función diferente, el área correspondiente se llena de sangre que lleva a estas neuronas el oxígeno y la glucosa necesarios para obtener los resultados esperados.
Durante la investigación, los examinadores tomaron a 17 hombres y mujeres jóvenes que estaban en distintas fases de sus relaciones románticas. Primero, los científicos les mostraban imágenes de sus novios o novias por unos segundos. Luego, los voluntarios tenían que realizar algún trabajo que los distrajera de los pensamientos y sentimientos que había despertado la foto del ser amado para más tarde volver a ver otra fotografía, esta vez de una persona conocida que no inspiraba en el sujeto ningún sentimiento de amor, más bien un estado emocional neutral.
Los científicos descubrieron, no sólo la combinación que nos enamora sino diferencias notables y curiosas entre ambos sexos.
De acuerdo con los resultados, la dopamina es el químico del amor. Los científicos descubrieron que cuando las personas veían la imagen de la persona que amaban, dos áreas mostraban altos niveles de actividad además de un elevado contenido de dopamina: el caudate del núcleo derecho y el área ventral de dopamina.
"La dopamina es un químico cerebral que produce sentimientos de satisfacción y placer. Hemos observado que cuando existen niveles altos de esta sustancia también hay un aumento de la energía, la motivación para ganar cualquier recompensa y en el sentimiento de regocijo. También encontramos cambios en otros lugares del cerebro, incluyendo en una región que se activa sólo cuando la gente come chocolate", escribieron los expertos para la Sociedad de las Neurociencias quien publicó los resultados.
Curiosamente, los científicos encontraron además una diferencia notable entre las regiones que se activan en el cerebro femenino y las que se movilizan en el masculino.
"Las mujeres suelen usar las regiones del cerebro que tienen que ver con la estimulación de la recompensa, la atención y la emoción. El amor se presenta en las áreas de las emociones para la mujer pero no para el hombre. Descubrimos que la actividad del cerebro del hombre enamorado se centra en las áreas visuales y no en las emotivas, especialmente una región visual que está relacionada con la excitación sexual", expresó Fisher. "Mientras más enamorada y romántica decía sentirse la persona, más actividad medíamos en las áreas señaladas para cada género".
Los investigadores piensan que el amor romántico se derivó de una de las tres redes cerebrales primarias que a su vez evolucionó para dirigir la reproducción mamífera. "La atracción, precursora mamífera del amor romántico", explica Fisher, "evolucionó para permitir que los individuos busquen a la pareja predilecta o preferida sin gastar energía y tiempo en el cortejo. Lo mismo ocurrió con el gusto por el sexo".
El circuito es perfecto, aseguran los investigadores, ya que dura lo suficiente como para que la pareja complete los deberes de padres que son específicos de nuestra especie. Por lo tanto, todos esos sentimientos, suspiros y estados de regocijo y felicidad, no son más que dosis elevadas de dopamina cumpliendo con una labor que aprendió a efectuar con millones y millones de años de experiencia.

Diferencias entre los sexos
Curiosamente, los investigadores descubrieron también que el cerebro enamorado de la mujer no funciona igual que el masculino. De hecho, son notablemente diferentes.
Cuando las mujeres sienten amor romántico, los niveles de dopamina y la actividad cerebral aumentan en tres lugares de la materia gris que tienen que ver directamente con las emociones y los sentimientos. Estos lugares se llaman el núcleo caudate, el septum y la corteza parietal posterior. Estas áreas están vinculadas estrechamente a la atención, las emociones y las recompensas.
El amor masculino, por su parte, está vinculado estrechamente con las áreas visuales, incluyendo un área que tiene que ver con la excitación sexual.

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