Sorpresa sobre el Bambú Amarillo, temor a la tecnología, y respondiendo a Montague Keen

¡Sorpresa, sorpresa! Un hombre que visitó Bali para evaluar al grupo “Bambú Amarillo” (el cual hace alegaciones sobrenaturales de que pueden derribar a un atacante sólo gritando) ¡me informa que en verdad cayó al suelo durante la prueba! En cuanto pueda examinar esto con más detenimiento, les daré un informe completo. ¡Puede que en verdad haya algo aquí!


Con frecuencia he dicho que una de las razones para que el público acepte con facilidad las afirmaciones paranormales y/o sobrenaturales es la falta de “conexión” con la ciencia y la tecnología modernas que siente en general. Confrontado con los hechos de la física moderna, por ejemplo, la persona promedio se siente perpleja y a la deriva. Todos usan computadoras, teléfonos y otros exponentes muy sofisticados de la tecnología de avanzada sin entender cómo funcionan, o cómo fueron diseñados. Es más fácil la actitud de que “la ciencia no tiene todas las respuestas”, y “realmente nadie la entiende”. Con esa actitud, es fácil para las masas aceptar las conversaciones con los muertos y los “números afortunados para la lotería”.

Me enviaron un artículo que describe un paralelo con esta posición habitual, sobre la habitual temática conspirativa, publicado por el London Times. He aquí un extracto:

Patrick Leman, un psicólogo del Royal Holloway College, de Londres, quien ha estado estudiando por qué las teorías conspirativas son tan atractivas, dijo: “Las teorias conspirativas se alimentan de un sentimiento de desconexión con el gobierno. A la gente no le gustan los huecos en sus historias; necesita creerlas. Inventa cosas fantásticas que la protegen del mundo real”.

En un experimento, le mostró a la gente la filmación de un presidente ficticio al que le dispararon, y proporcionó artículos ficticios de periódico. Era más probable que la gente creyera que había una conspiración detrás de los disparos si lo mataban que si no lo herían. Llegó a la siguiente conclusión: “La gente piensa que un evento importante debe tener una causa importante, pero con frecuencia las cosas pasan por error o por accidente, no por una conspiración”.

Miles de personas mueren en Europa en accidentes de auto producidos por conducir a alta velocidad y por exceso de alcohol. Pero cuando Diana, la princesa de Gales, murió, muchos no pudieron aceptar que un evento tan importante tuviera una causa tan simple. Muchos creyeron que ella fue asesinada por los servicios secretos para evitar que se casara con un musulmán.

Los asesinos solitarios matan a miles de personas por año en los Estados Unidos, pero cuando la víctima fue el presidente Kennedy, pocos quisieron aceptar una explicación tan simple. Tenía que ser una conspiración.

Dijo Thomas Gray (1716-1771): “Donde la ignorancia es una bendición, es una locura ser sabio”.


Prometí la semana pasada que prepararía una respuesta detallada al irresponsable ataque dirigido a mí y a la JREF por medio de la Internet, por un tal Montague Keen. Al hacerlo, no seré amable; no presento con facilidad mi “otra mejilla”. Responderé su ataque en el mismo estilo que él, pero no lo disfrazaré de falsos modales, del modo en que los académicos maniobran para ser políticamente correctos. Keen está bien informado. Es una persona con educación, inteligente y perceptivo en ciertos aspectos, lo que no le permite escapar de la censura por su injusto y virulento ataque contra mí. Él eligió voluntariamente la ignorancia; conoce la verdad, pero elige no usarla. Esto ha causado mucha diversión entre los roñosos, quienes se regocijan grandemente cuando uno de sus abanderados avanza para proclamar la inminente derrota de los escépticos y se despachan con un discurso que Shakespeare parece haber adelantado en la Escena V de Macbeth. El ataque de Keen es, considerando sus errores, sus hipérboles y su falta de verdadera sustancia, “una fábula contada por un idiota, llena de sonido y de furia, que no significa nada”.

Keen se deleita en arrastrar académicos que parecen apoyar sus extrañas creencias. Hace dos semanas, señalé que luminarias tales como Jacques Benveniste y Brian Josephson sufren de cierta miopía intelectual que nubla la percepción de tantos académicos. Es desafortunado para su apreciación de la realidad, pero más aún debido a que la gente como Keen puede citar a esas almas extraviadas para proveer apoyo para el sinsentido. El autor y filósofo Montaigne (1355-1592) observó en uno de sus Ensayos:

Hay una clase de ignorancia rudimentaria que precede al proceso de aprendizaje; otra doctoral, que sigue a dicho aprendizaje: una ignorancia engendrada por el aprendizaje, aunque dañe a la primera.

Efectivamente está diciendo, como Sir Arthur C. Clarke me dijo una vez, que alguna gente ha sido educada mucho más allá de su inteligencia. Tengan esto presente al notar que Keen alardea de sus doctorados para reforzar sus argumentos.

Keen ha hecho circular un enorme documento luego de un programa reciente en el Reino Unido emitido por Fulcrum TV, el cual obviamente causó mucha consternación entre los crédulos de ese país. Titulado “El Desafío Psíquico Final: Un desafío a James Randi”, el ataque de Keen ha sido citado extensamente por aquellos desesperados por devaluar mi trabajo. Por favor tenga en cuenta que Keen no hace ningún intento por aceptar o concordar con el desafío de la JREF, sino que elige ofrecer el suyo propio, como hemos visto con tanta frecuencia en este campo. Me extenderé sobre ello más adelante.

Normalmente no respondo a diatribas furiosas como ésta. Sin embargo, sabiendo que tantas personas anónimas se deleitan en disparar estos proyectiles sin guía en todas direcciones sin comprobar los hechos, publico esta breve respuesta para aquéllos que deseen utilizar su contenido para oponerse a las acusaciones erróneas que se realizan aquí. He elegido sólo las partes pertinentes de este revoltijo para hacer comentarios sobre ellas. Mi día está demasiado ocupado para hacer más que eso, y además de eso, todo ello ya ha sido hecho en mi sitio web, en mis artículos, y en mis libros: un hecho que el autor de esta diatriba ha hecho bien en ignorar, ya que todo su invento quedaría destruido al referirse a esas fuentes. Sólo elegí las partes importantes de su ataque para comentar sobre ellas, dado que el resto no vale la pena considerarlo. Esto también hará que los roñosos revuelvan el contenido que he ignorado, tratando de encontrar el “arma humeante” que creen que temo mencionar; eso, al menos, los sacará de las calles.

No he visto una videocinta del “Desafío Psíquico Final”, el cual en cualquier caso no tenía mucho de “final”, aunque la mayor parte de él me fue referido o enviado por lectores del Reino Unido que lo vieron y lo estudiaron. Uno de esos lectores se refirió a “Keen, ese insufriblemente pomposo imbécil cuya lógica retorcida siempre le permite llegar a la decisión que esperaba cualesquiera sean los hechos”. Examinemos aquí esa opinión.

Como un buen ejemplo (¡al que seguirán muchos!) de la forma en la que Keen juega con la verad, al describir la apertura de la sesión de grabación de TV y la sección obviamente fallida de “lectura fría” de dicha grabación, escribe que fue “tan poco exitosa que el gerente de piso tuvo que anunciar una falla técnica y detener el programa”. No, fue abortada y eliminada durante la edición porque los productores al principio pensaron que yo no sería reconocido por una audiencia del Reino Unido, y que la audiencia reaccionaría de acuerdo con ello, aceptándome por un psíquico “verdadero” representando el mismo viejo acto de siempre. Como demostró la pregunta fuera de libreto que le hice a la audiencia, la mayoría de ellos conocían bien mi identidad, y siendo en su mayoría creyentes, se rehusaron fervientemente a responder como podrían haberlo hecho si hubieran creído que yo era un “genuino” lector psíquico. Hago notar que el autor de este ataque, convenientemente, no menciona este hecho. Incluso al ingresar al estudio, escuché que miembros del púbilco comentaban: “¡Ese es James Randi!”, y me resultó evidente que el plan de intentar una “lectura fría” seguramente fracasaría; las víctimas tienen que creer que el artista tiene habilidades sobrenaturales, o no pueden aceptar lo que siempre sucede en tal rutina. Incluso los fotógrafos de los medios que me fotografiaron antes de que empezara la grabación me llamaron por mi nombre. Sin embargo, acepté hacer el esfuerzo, para satisfacer la intención del productor y el director del programa. Me habían visitado en Florida para preparar el programa, y aunque yo estaba seguro de ser reconocido, acordamos itnentarlo, con la salvedad de que podía ser abortado si resultaba que me reconocían.

Para hacer más inevitable que me reconocieran, me enteré de que la agencia asignada para conseguir la audiencia para la grabación había hecho un llamado en Internet buscando personas para que asistieran a un programa con un tema psíquico, presentando al “más conocido escéptico de los poderes psíquicos del mundo”. Cualquiera que leyera eso probablemente asumiría que yo estaría allí, y no soy difícil de identificar por mi apariencia.

Quizá deberíamos preguntarnos, en este punto: ¿Quién es el tal Montague Keen? Se describe a sí mismo como un periodista, administrador agricultural, editor de revistas y granjero, miembro del Concilio de la Sociedad de Investigación Psíquica durante 55 años, presidente de su Comité de Publicidad y secretario de su Comité de Investigación de la Supervivencia. Aparentemente cree en absolutamente todo. Su libro sobre los círculos de los cultivos, dice, presenta “evidencia científica” sobre esta broma pesada, y ahora está disponible por 2,50 libras, una rebaja sobre su precio original de 3,95 libras. Este es un hombre que necesita que todas las nociones falsas sean ciertas, y se desespera cuando la verdad amenaza expresarse.

Un lector, respondiendo a un ataque frenético enviado por un hombre llamado Zammit (a cuya página los envié la semana pasada para ver la queja de Keen) intentó razonar con Zammit:

… el único otro argumento que tienes contra él es su lectura fría fallida. Dado que ya sabes que la mayor parte de la audiencia sabía quién era, era improbable que una lectura fría funcionara; estoy sorprendido de que él aceptara. Sin embargo, la lectura “caliente” se suponía que funcionara, tenían evidencia que apuntaba a una persona del público, y lo hizo, pero sólo la persona involucrada parecía sorprendida (debido a que, obviamente, los otros sabían que estaba haciendo trampa).

Pero hay muchas cosas que Keen no dice… y Zammit tampoco. Nosotros investigamos a la audiencia para prepararnos para lecturas “calientes”, utilizando medios muy ordinarios como bases de datos públicas, archivos de periódicos, registros escolares y guías telefónicas, y obtuvimos datos muy específicos sobre una mujer, una tal Rebecca, quien era una creyente confirmada. Cuando le pedí que se identificara durante la lectura “caliente”, aunque yo sabía exactamente dónde se sentaba, ella eligió no hacerlo, permaneció sentada con una expresión implacable en el rostro y mirándome a los ojos con desafío. Estaba en su derecho de rehusarse a participar, por supuesto, y quizá fue mi culpa que lo hiciera así, ya que no aclaré, como lo hizo Keith Charles (el “médium genuino” al que se refiere Keen) que los participantes deben “ser honestos” con él.

La lectura de Keith Charles a la que Keen hace referencia cuando dice “Sus lecturas en el piso de grabación fueron igualmente impresionantes, a excepción del momento en que una pantalla opaca le impidió la visión de un conejillo de Indias provisto por el estudio”, fue una farsa tal, que entiendo por qué Keen está aterrorizado de entrar en detalles. He aquí la transcripción de esta “lectura a ciegas”, que se realizó luego de que un participante elegido por el personal exterior del estudio fue introducido secretamente detrás de una pantalla opaca. Charles estaba parado del otro lado, y el participante fue instruido por la conductora Kate Galloway para que sólo respondiera con movimientos de cabeza, pero sin emitir sonido. “C” es Charles, “G” es la conductora. Charles comenzó:

C: Bueno, yo le diré cuando reciba algo aquí, emmmmm.

(pausa)

C: La primera impresión que recibo, emm, es que hay una señora que desea comunicarse, que habría, emm, fallecido no hace mucho. Ahora voy a calificar esto, cuantificar esto en un momento, emm, pero siento que hay una muerte reciente relacionada, emm, con quien recibe, la persona a su lado, emm, y me muestran una condición cancerosa que habría estado, emm, en la zona de mi estómago o más abajo. Es, es… me… me están mostrando, umm, condición cancerosa. Le describiré a la mujer porque quiero que ella, eh, se me acerque. Es bastante pequeña. Mide un metro 55, un metro 60. Emm, me parece… lamento decir esto, cuando describo a alguien como mediano, no es correcto, pero es una señora que debe ser… ¿talle 12? ¿14? [1] Y me hace sentir que esta señora, emm, está hablando sobre… su nombre es Barbara o Brenda… porque está hablando acerca de que está conectada con la persona que tiene ahí, como, emm, conectada con su madre, o del lado materno de la familia.

G: Hasta ahora, tengo que decirlo, ha habido muchas negativas con la cabeza, Keith.

C: ¿Qué quiere decir eso? ¿No?

G: No hubo coincidencia hasta el momento.

C: Bueno. No importa. No importa. Déjeme cuantificar una, una cosa más, entonces, ¿puedo? La persona que tienes allí (y esto tiene que ser un sí o un no, ¿está bien?), la persona que tienes allí tiene una cicatriz en su brazo izquierdo que baja hacia la muñeca.

G: No.

C: Bueno, esto no es una rendición, porque puede estar mal… bien o mal. ¿Puedo extender esto a alguien de su lado de la audiencia? Es como si hubiera alguien en la audiencia aquí que… que entienda lo que esoy recibiendo, y que tenga una cicatriz o una marca, porque es muy fácil ver si tiene una cicatriz o una marca en su antebrazo izquierda o su muñeca izquierda, alguien que entienda…

Para sorpresa de nadie, se encontró a una mujer en la audiencia que empezó a asentir vigorosamente a todo lo que Charles decía. Ahora bien, la señora Galloway no debería haber permitido este flagrante cambio de objetivo, por supuesto, pero ella no estaba familiarizada con las tretas de estos artistas del engaño. ¡Y sí, eso es una rendición, señor Charles! Es una treta común para redirigir una lectura fallida a alguien más, y allí tenía usted casi cien personas que no sólo eran creyentes, sino que estaban ansiosos de verlo a usted tener éxito. Y nunca vimos que la cicatriz fuera “aceptada”…

Pero, un momento… Volviendo a la lamentable lectura “ciega”, ¿puede el lector decir el género de la persona detrás de la partición? No, no puede. No lo sabe, no sabe más de lo que Keith Charles sabía. Se refería al sujeto como “la persona” o “quien recibe”, como si ni siquiera supiera el género correcto… ¡porque no lo sabía! Para su información (y la de Keith) era un hombre de edad mediana, quien no dejó nunca de sacudir su cabeza para negar, durante los 77 segundos de la lectura. Fue un “no” a cada una de las conjeturas de Charles. También destaco que Charles tampoco sabía el género de la persona de la audiencia que correspondía a su “fallo”, y que este intento también fue un esfuerzo inútil y no llegó a ninguna parte.

Keen escribió:

Cuando [James Randi] hace una representación como ilusionista, la audiencia sabe que están siendo entretenidos y engañados; suspenden su incredulidad y disfrutan el espectáculo. Simular ser un psíquico genuino, y ponerse de acuerdo con el personal televisivo sin el conocimiento o consentimiento de las víctimas para obtener detalles sobre los miembros de la audiencia, sus amigos y sus ubicaciones, con vistas a confundirlos (aunque el engaño luego se reconozca) es emplear el engaño en lo que se aseguró era un programa seria sobre un tema muy serio.

Keen sabe muy bien que el “engaño” que intentamos se planeó para que la audiencia aceptara mi representación del mismo modo que se toma el acto de un “médium psíquico genuino”. Si se le decía a la audiencia que yo era un ilusionista, hubieran reaccionado de manera hostil, rehusándose a cooperar aceptando mis conjeturas, los errores, y las generalidades que los que se presentan “en serio” ofrecen al público. Fíjese, ¡eso fue exactamente lo que sucedió, aunque por distintas razones, como hemos visto! Vea cómo esto es la ignorancia voluntaria de Keen en acción. Él sabe la respuesta, pero elige no usarla.

Pero luego Keen se enfoca en un acto vil de mi parte, sobre él cual se babea de gusto. Asumiendo que el mundo gira en torno a él, y que no podría pasar nada de lo que no se diera cuenta, ríe entre dientes diciendo:

… para ilustrar la dedicación del señor Randi con la objetividad, también tengo que hacer un relato más exacto al cual dedica tanta bilis en su sitio web: su encuentro en el pasillo de salida con una “mujer muy gorda y fea” y su reacción a su “afrenta directa, un descortés insulto y una acusación inmerecida” que “me apuntó con el dedo, su cara roja y contraída por el odio”, que lo llamó falso y fraudulento, a lo cual él contestó en su mejor estilo de Churchill: “Señora, usted es fea, pero yo puedo reformarme”.

Estoy seguro que al señor Randi le gustaría recordar así el episodio, pero como yo estaba junto a la señora en ese momento, y observé lo que sucedio, al igual que los doctores Parker y Puhle quienes estaban delante y muy cerca de mí, debería decir que ella [no es gorda], se la considera atractiva para su edad, le sonrió al señor Randi y le dijo con bastante cortesía pero con firmeza, ante su obvia sorpresa:

—Señor Randi, es usted un fraude.

Ante lo que él retrocedió tambaleándose y tartamudeó:

—Y us-us-us, usted es fea.

A lo cual ella respondió, mientras él retrocedía para desaparecer tras las puertas dobles:

—Pero al menos soy honesta.

No hubo cierre a la Churchill… Esto establece los estándares del señor Randi en la dedicación a la realidad de los hechos.

Un evento parecido fue relatado en mi página del 15 de agosto. Me lanzaron ese insulto a continuación de la grabación del programa, y fue precedido un minuto antes por otro episodio, el que Keen relata. Para cuando ocurrió el segundo, ya había recordado completamente el encuentro atribuido a Winston Churchill, y cuando una señora muy gorda y enojada, a la que ayudaba el personal del estudio debido a su peso, me atacó luego de eso, estaba preparado para dar una mejor respuesta. Lo hice así, con cierta satisfacción, y ese fue el incidente que informé. Les aseguro a todos que no hubo “tambaleos” ni “tartamudeos” ni estaba yo “sorprendido” (en ninguno de los dos casos) ante la virulencia sufrida: ya estoy acostumbrado a ella. Y sí, ahora sé que era la señora Braddock, no Lady Astor, el blanco del espléndido comentario de Churchill. Ese error de identificación no fue, en mi opinión, una ruptura seria de la honestidad, sino sólo evidencia de mi ignorancia. Nótese cómo Keen se regodea en este “descubrimiento” de mi villanía y mi abandono de la “realidad de los hechos”. Estoy de acuerdo con que aquí los hechos y la realidad fueron abandonados, pero yo no fui el que lo hizo.

Continuando con la comedia de errores, Keen afirma:

Ahora la parte más seria: primero, el premio de un millón de dólares. Loyd Auerbach, un eminente psicólogo estadounidense y Presidente de la Asociación de Artistas Psíquicos (un 80% de los miembros de su Asociación creen en lo paranormal, de acuerdo con el doctor Adrian Parker, que estaba en el programa pero a quien no se le dio oportunidad de revelarlo) expuso algunas de las deficiencias de este desafío en un artículo de la revista Fate.

Para aquellos que no conozcan la revista Fate, en su propia página web vemos que publican artículos sobre “secuestros extraterrestres, ángeles, lugares arqueológicos calientes, ciencia extraña, fantasmas, encantamientos, vida después de la muerte, monstruos, investigaciones paranormales, mascotas psíquicas, psíquicos, experiencias místicas personales de los lectores, informes de lo extraño y lo desconocido, espíritus animales, espiritistas y OVNIs”… ya para empezar. No precisamente un boletín académico, en mi opinión. ¡Y la Asociación de Artistas Psíquicos (PEA por sus iniciales en inglés) es un grupo de magos que trabajan haciendo mentalismo! La definición de mentalismo es magia que parece realizarse con la mente. El principal requisito para ser miembro de la PEA es bastante simple: un estudio serio y declarado en la presentación ética del entretenimiento psíquico, incluyendo mentalismo, magia extraña, hipnotismo, lectura fría y sus artes asociadas. El boletín mensual de la PEA es “Vibraciones”, una colección de trucos y métodos que pueden usarse para dar la impresión de que el mago es un psíquico verdadero. ¿Nos sorprende mucho enterarnos que los miembros digan que creen en lo paranormal? Eso no significa que usen poderes paranormales, ¿verdad? Creo en la interpretación del violín, pero no sé tocarlo. ¿Y qué tiene que ver la creencia en los disparates con el premio de la JREF? Esta es una de esas piedritas que la gente como Keen arroja con ligereza en las discusiones, aunque esta piedra resulte ser sólo un cascotito. No puedo imaginarme qué espera lograr Keen con esta distracción. Pero de todos modos él es un enigma bastante grande.

Keen dice:

… fue una suerte para el señor Randi que no se le diera a Charles ninguna oportunidad de decir por qué el desafío de un millón de dólares es tanto engañoso como inútil, una opinión que intento remediar a continuación.

Bien, examinaremos eso en detalle. Lo que sigue es una serie de puntos en los que Keen pretende “probar” la naturaleza “engañosa e inútil” del desafío de un millón de dólares de la JREF. Recuerden, él ya conoce los hechos que utilizo para refutar estas acusaciones. Este es otro caso de su ignorancia voluntaria. NOTA: El siguiente material discutiendo sus errores en relación con el desafío de la JREF fue enviado al señor Keen por correo electrónico el día 22 de agosto, ¡y aún así él persiste en publicar el material en varios sitios web aunque él sabe que es espurio! ¡Esto muestra claramente cuán honesto, sensible y directo es el hombre!

Punto por punto:

Keen escribe:

Según el Artículo 3, el solicitante permite que todos los datos de su prueba sean utilizados por la Fundación en la forma en que el señor Randi lo decida. Esto significa que el señor Randi puede elegir los datos a voluntad y decidir qué hacer con ellos y qué veredicto pronunciar sobre ellos.

No, esta es una mentira patente y él lo sabe. Cita erróneamente el artículo, que dice en verdad “todos los datos”, no “todos los datos de su prueba”. Esto incluye los acuerdos escritos y verbales, y las discusiones sobre los protocolos. No se debe llegar a ningún “veredicto”, y el artículo 3 también se refiere al uso de los datos obtenidos durante el procedimiento de prueba. Como Keen bien sabe, nuestras pruebas se diseñan con la participación del solicitante a fin de que no haga falta juzgar o llegar a un veredicto, jamás. Los resultados deben ser evidentes por sí mismos. Todos los parámetros, incluyendo la norma para considerar que la prueba es un éxito, se establecen y acuerdan por adelantado. Es absurdo insinuar (como hace Keen) que yo o cualquier persona de la JREF pueda “pronunciarse” sobre cualquier evidencia.

Según el Artículo 7, el solicitante renuncia a todo derecho a acciones legales contra la Fundación o el señor Randi, no importa qué daño emocional, profesional o financiero crea haber recibido.

Keen decide omitir una frase en itálicas en el artículo 7, “siempre y cuando esto pueda realizarse según las normas legales vigentes” Nadie puede (para la ley estadounidense, al menos) resignar sus derechos constitucionales básicos; cualquier esfuerzo o acción por parte de la JREF para calumniar o injuriar a un solicitante, o causar daño intencionalmente, sería pasible de accion legal, independientemente del artículo 7. Esta es una omisión conveniente por parte de Keen para representar equivocadamente el artículo 7. Los potenciales solicitantes son informados en detalle de todo esto muy al comienzo de modo que puedan evitar cualquier vergüenza o molestia debido a su fracaso. Considere esto: Nosotros ofrecemos un millón de dólares, el solicitante no ofrece nada, e ingresa al procedimiento conociendo todos los parámetros. El artículo 7 es sensato y sano… y justo.

Por lo tanto, si el señor Randi llega a una conclusión distinta a la alcanzada por sus jueces y condena públicamente la prueba, el solicitante no tendrá forma de enmendarlo.

De nuevo, ¡no hay jueces, ni los habrá! Esto se expresa claramente. No puedo llegar a ninguna “conclusión” que altere el resultado. No está en mis manos. La evaluación puede hacerse de manera independiente, pero el resultado real, vinculante, siempre será claramente evidente. ¡Y ciertamente yo no condenaría una prueba que hubiera aprobado! ¿En qué está pensando Montague Keen aquí? ¿Hay algún pensamiento aquí, señor?

La Fundación y el señor Randi son dueños de todos los datos. El señor Randi puede afirmar que se engañó a los jueces.

¿Qué “jueces”? ¡No hay ninguno! Estoy tan obligado por los resultados como cualquier otro, tanto legal, como ética y públicamente. Las afirmaciones no significan nada, sólo la evidencia, un elemento que Keen parece no conocer.

La acusación implícita de fraude dejaría al desafiante sin respuesta.

No “desafiante”, “aspirante”. Nosotros, los de la JREF, somos los desafiantes. Lea las reglas. Ya que la asunción precedente es falsa, este comentario no tiene mérito o aplicación algunas. Keen debería hablar con un abogado o perito legal equivalente para ponerse en relación al menos rudimentaria con la ley.

Estas reglas, nótese, están en total contraste con las frecuentes afirmaciones públicas del señor Randi de que quiere pruebas demostrables de los poderes psíquicos.

No, jamás he dicho tal cosa. Este es un buen ejemplo de una técnica utilizada con frecuencia por la gente como Keen. Inventan actitudes, afirmaciones y opiniones mías (como hombres de paja) y luego los voltean. No tengo meta alguna excepto determinar si un aspirante puede o no dar evidencia que apoye su afirmación. No busco poderes psíquicos. No tengo meta alguna salvo pedir a quienes afirman tener esos poderes que proporcionen evidencias de ello bajo un protocolo cuidadosamente diseñado, aceptable a ambas partes de la discusión, que muestre la existencia de tales poderes. Si se muestra tal evidencia, he acordado pública, legal y abiertamente a pagar el premio de un millón de dólares de la JREF. Estoy absolutamente comprometido con ello. Es así de simple, señor Keen.

Primero, sus reglas están limitadas a un aspirante único y vivo.

Un total disparate. De dónde sacó Keen esta idea, a excepción de su fértil imaginación, no tengo idea. No hay limitación (y él lo sabe muy bien) al número de personas involucradas. Sí, el aspirante debe estar “vivo”. Me parece mucho más aceptable que la alternativa.

No importa cuán fuerte sea la evidencia publicada, cuán incontestable hayan sido los hechos o cuán rigurosas las precauciones contra el fraude, el número, calificacioens o experiencia de los testigos e investigadores, la duración, cuidado y frecuencia de sus verificaciones o (donde puede realizarse una evaluación estadística) las probabilidades astronómicas contra una explicación por el azar: todos deben ser ignorados.

Cierto. Creo que con un millón de dólares en juego, cualquier persona sensata vacilaría en aceptar datos generados en el pasado por personas que en la mayor parte de los casos tienen poca o ninguna experiencia en detectar o controlar para evitar las trampas. Con el “Experimento Alfa”, hace años, probamos eso mismo con claridad. Enviamos a dos hombres jóvenes al laboratorio parapsicológico más importante y con mejores fondos, y durante tres años engañaron a los científicos que trabajaban allí, revelando el proyecto sólo cuando los científicos estaban listos para publicar lo que creían eran resultados positivos. A propósito, los científicos dijeron que las probabilidades que encontraron eran de “miles de millones a uno en relación con el azar”. Hablaré más adelante de la “evidencia publicada” que Keen tanto enfatiza.

El señor Randi etiqueta todos los casos como “anecdóticos” (lo que significa “no escritos”) y por lo tanto cree que puede evitar cualquier invitación a explicarlos.

De nuevo, muy equivocado. Primero que nada, “anecdótico” [2] significa “basado en observaciones incidentales o informes en lugar de evaluación sistemática”, según el Diccionario Webster’s, y el Diccionario de Inglés de Oxford dice que significa “referido a o consistente en anécdotas”. El Oxford define una anécdota como “La narrativa de un incidente separado, o de un evento único, que es contado por ser por sí mismo interesante o impactante”. La parte de “no escrito” se refiere al significado que figura en el Oxford que define anécdota como “narraciones sin publicar o detalles de una historia”, y no se aplica aquí. Seguno, no aceptaré tener que explicar “anécdotas” pero acepto considerar los resultados de una prueba correcta realizada aquí y ahora. ¿Eso es irrazonable? No creo. Y otra vez, Keen, no me asigne actitudes, afirmaciones u opiniones. Y cómprese un diccionario, así no tengo que corregirle los significados. Estoy demasiado ocupado para educarlo.

Keen ahora elige una presentación enteramente anecdótica, repentina y típica de Uri Geller como evidencia que no puedo refutar. Se refiere a pruebas realizadas mucho después del evento, un poquito demasiado tarde, como si esas pruebas establecieran la naturaleza genuina del evento. Tengo una colección de objetos doblados (incluyendo un desecho de una aleación de titanio y acero) que podría ser examinado por un siglo por cualquier cantidad de científicos, sin que tuvieran ni idea de cómo fueron doblados, aunque varias maneras podrían haberse usado. Pedir explicacioens por tales eventos pasados es más o menos como decirle a un experto en cartas cuánto dinero perdió uno en un juego de póker en un viaje de placer de hace diez años, y esperar que él le dijera a uno si alguien en la mesa de juego hizo trampa, y si lo hizo, de qué manera. En la mente de Keen, ¿es este uno de los “cuervos blancos” que mantiene en vuelo con tanto orgullo? He aquí lo que escribe sobre este evento milagroso:

… la obtención de una llave doblada por una fuerza mucho mayor de la capacidad del más fuerte de lo shombres, creada a pedido y en presencia de un grupo de mecánicos reunidos en torno a un auto de carreras en un foso por el enemigo de mucho tiempo del señor Randi, Uri Geller, no cumpliría la letra pequeña, que requiere un certificado de una demostración preliminar exitosa antes de molestar al propio señor Randi. Una lástima, porque los científicos del Imperial College verificaron la llave, la cual su tenedor actual, el investigador y autor Guy Lyon Playfair, no sin razón considera un objeto paranormal permanente, y hay un desafío pendiente para los escépticos para explicar su apariencia.

No necesito comentar sobre la ingenuidad (o el ingenio) que este relato demuestra. Sobre el asunto de John Edward, Keen escribe:

[James Randi]… informó que uno de los médiums dotados, John Edward, podría haber visto a la persona que se hallaba sentada a través de un hueco de cinco centímetros en una cortina, a pesar del hecho de que la hendija era de unos cinco milímetros, y que las lecturas más tarde se hicieron a larga distancia. El señor Randi declinó una invitación para ver él mismo la grabación sin editar, mientras se quejaba de que nunca se le permitiría verla. Aún así, todos los representantes de los medios que visitaron el laboratorio de Arizona vieron la cinta sin editar, además de los magos y los científicos visitantes. El señor Randi declinó específicamente una invitación para ser grabado mientras miraba los datos y comentaba sobre ellos.
[John Edward]

Vean mi página web del 23 de marzo del 2001 [3], y vean a Edward en acción. El pedacito de manga a la derecha del cuadro corresponde al doctor Gary Schwartz, el hombre que dirigía esta prueba hermética de Edward. En ese video, está mirando directamente a Edward, quien está espiando a través del hueco de la partición —el cual es ciertamente mayor de los “cinco milímetros” que afirma Keen— y que esa “miradita” precedió inmediatamente a una de las lecturas que Scwartz afirma —y Keen cree— que son “evidencia”. Keen escribió que yo informé que “[…] John Edward, podría haber visto a la persona que se hallaba sentada a través de un hueco de cinco centímetros en una cortina”. Señor Keen, esto es puro invento: es mentira. Nunca dije ni escribí tal cosa. De este tipo de “aislamiento” entre sujeto y “lector” se enorgullece tanto Schwartz. Keen señala que “posteriormente” se corrige este error flagrante. ¿Recuerdan el viejo adagio sobre cerrar la puerta del granero después de que le robaron a uno el caballo? Imagino que Keen y Schwartz nunca han trabajado con caballos.

Sí, decliné la invitación de Schwartz. El hombre había acordado con entusiasmo, en persona en la JREF, no sólo seguir el protocolo que establecimos para que él evaluara a John Edward, sino que nos proveyera todos los datos sin editar (escritos, en video, etc.) antes de publicar su informe. Desde ese día hasta el momento, no hemos oído de él. No sólo rompió su acuerdo con nosotros, sino que ignoró nuestros comentarios (por los que había expresado tanta admiración) y se apuró a ir a la imprenta. Se lo ha visto en todas partes, en televisión y en los medios, alabando la confirmación de la comunicación con los muertos que él imagina haber obtenido. No confío en él, ni le ofreceré participación alguna en el futuro luego de que traicionó nuestra confianza. Creo que es una posición correcta y sensata. Él ya probó quién es.

Y los estadísticos que examinaron la cantidad muy limitada de datos que Gary Schwartz realmente publicó, están espantados por la forma en que se retorcieron y aplicaron de forma incorrecta los métodos estadísticos en dicha publicación. Las llamaron “estadísticas vudú”, incluso “estadísticas chifladas”. Schwartz simplemente no entiende la probabilidad, y no sabe lo que hace. En mi opinión, ha hecho retroceder a la parapsicología veinte años. Y la parapsicología, una ciencia investigatia legítima, necesita menos este tipo de daño y más datos de trabajadores cuidadosos como Richard Wiseman. Él es un hombre que sabe lo que hace, aunque seguramente Montague Keen también es capaz de escribir una queja sobre él.

Si hubiéramos tenido ese material original que Schwartz prometió proporcionar, no sólo hubieramos podido hacer nuestras observaciones sobre esa “miradita”, sino también sobre muchas otras. Pero nunca lo veremos. Lo que señalo aquí es que existía la oportunidad de mirar, y no debería haber existido, si Schwartz hubiera sabido —o le hubiera preocupado— cómo implementar la seguridad correcta. No es muy difícil de hacer, doctor Schwartz, ni siquiera para un doctorado de Harvard.

Keen continúa:

Igualmente, a pesar de sus confiadas afirmaciones de que la lectura fría puede producir resultados tan impresionantes como los de cualquier médium de escenario, se rehusó a aceptar una oferta de probarlo comparando su actuación con la de un médium genuino, lo que seguramente sería una prueba crucial.

Tonterías. No tengo experiencia en “lectura fría”, aunque conozco a otros que sí. Keen está presentando una situación similar a la que sería presentarme con un violín y desafiarme a tocar el Concierto para Violín de Mendelsohn. Afirmo no tener habilidad para tocar el instrumento, pero mi incapacidad de interpretarlo no indica en modo alguno que Itzhak Perlman es sobrenatural. Esto no es de ninguna manera una “prueba crucial”. Pero Keen lo sabe, a menos que sea un idiota.

Keen escribe:

De manera parecida, el señor Randi acusó a los experimentadores de “búsqueda flagrante de datos”, es decir, recordar los aciertos y olvidar los fracasos. Esto era falso, y fácilmente podría haberse mostrado así. Posteriormente declinó leer ninguno de los e-mails del profesor Schwartz, limitándose a burlarse del profesor por creer en el ratón Pérez, hacer afirmaciones descabelladas y ser un “médico que acepta teorías sin sustento sin vergüenza alguna”. Más aún, que había sido colega en Harvard del doctor John Mack, “el hombre que nunca conoció a nadie que no hubiera secuestrado por extraterrestres”, y otros insultos similares. Este es el lenguaje y la conducta de la prensa amarillista, no el que corresponde a una diferencia honesta de opinión sobre temas científicos expresada en términos civilizados y contenidos.

Bien, examinemos este asunto de “lenguaje y conducta” comparándolo con los “términos contenidos”, ¿les parece? He aquí una selección del lenguaje usado por Montague Keen, sólo en su actual diatriba, que puede que ustedes encuentren interesante.

Fulcrum TV, la comunidad escéptica y yo somos acusados de varios defectos, utilizando términos como: “engañoso e inútil”, “tejido de mentiras”, “grosera hipocresía”, “ingenuidad”, “arrogancia e investigación inadecuada”, “desdeñoso y engañoso”, “puras triquiñuelas”, “supresión deliberada de material importante y relevante”, “tanto deshonesto como deliberado”, “groseramente engañoso”, “patológicamente prejuiciado” y “reputaciones inevitablemente dañadas”.

¡Qué boquita!

Keen continúa sobre la agotada situación con Ted Serios y Jule Eisenbud, obteniendo este material de fuentes de Internet. Pero evita el material de Internet de mi página web, por supuesto; podría proveerle datos que le parecerían dañinos para ese caso. Los trucos de Serios son historia antigua, y los usan niños magos en espectáculos de aficionados. Las pretensiones de Eisenbud eran que yo reprodujera una presentación anecdótica de Serios, vestido con un traje de goma sin costuras y borracho, tal como estaba Serios cuando se presentaba, aunque yo no bebo en lo absoluto. ¡Incluso pretendía que yo tuviera el mismo nivel de alcohol que Serios en la sangre! Esas pretensiones, y otras, eran meramente cómicas, y más allá de cualquier consideración seria. Cuando reproduje con mucha efectividad los trucos básicos de Serios en un programa en vivo de televisión en Nueva York, con Serios y Eisenbud presente, Eisenbud quedó pasmado. A Serios no le preocupó, y sonrió lánguidamente. Y sí, tengo la videocinta.

Keen, una vez más:

Peores aún son los múltiples errores de hecho, entremezclados con mofas, insultos y tergiversaciones, que el señor Randi comete en su libro Flim-Flam! (1980) [#flimflam] hacia varios científicos distinguidos, especialmente Russell Targ, Harold Puthoff y Charles Tart y sus participaciones en los experimentos de visión remota con Ingo Swann y las alegaciones de clarividencia de Uri Geller. Las denuncias de Randi resultaron ser principalmente un tejido de mentiras, lo que se revela en el penetrante relato realizado por el parapsicólogo D. Scott Rogo en Psychic Breaktroughs Today (Aquarian Press, 1987, pp. 216-226) y amplificado de manera devastadora en una publicación reciente en un sitio web por parte de Michael Prescott.

Por más que lo he intentado, he sido incapaz de hacer que ninguna de estas personas señalen los “múltiples errores de hecho” en “Flim-flam!” que tanto los angustian. ¡Muéstremelos, Keen!

Keen sigue asegurándonos que no va a presentarse “por el millón de dólares del señor Randi, sino para obtener alguna evidencia de que su desafío es verdadero”. Ahora que aclaramos eso, ¿se va a presentar Montague Keen? ¡Escuchen! Es el mismo coro de grillos que escuchamos cuando le pedimos a Sylvia Browne que conteste…

En este punto Keen presenta una lista de veinte “casos que sugieren supervivencia” que se supone que debo explicar. De manera conveniente, al menos siete de los autores de esos “milagros” están más que muertos, y otros son inalcanzables, de cualquier modo. Este es el tipo de referencias que le gustan a Keen. No tenemos indicación de que alguno de ellas haya sucedido, sólo que se informaron. Busquemos otros ejemplos con los que los parapsicólogos y los místicos se pusieron de fiesta, sólo para guardar silencio y alejarse de ellos cuando se supo la verdad. Fueron casos de “evidencia” muy prominentes con la misma fuerza que los que Keen atesora, y sólo menciono aquí unos pocos de ellos. Por favor recuerden que hubo un tiempo en el que gran parte del mundo científico creía en los “rayos N”, porque fueron “descubiertos” por un científico francés titular de cátedra, premiado y respetado, y muchos documentos de científicos igualmente respetados habían validado su existencia. Cuando los parapsicólogos en el prestigioso Instituto de Investigación de Stanford (hoy “Institución”) elogiaron en los ‘70 el desempeño de Uri Geller y publicaron en Nature Magazine un relato “científico” de sus logros, un cierto porcentaje del mundo académico aceptó esto como un hecho, hasta que se reveló que los que habían estado a cargo no hicieron pruebas con Geller, sino que sólo le permitieron hacer demostraciones de su especialidad. En la investigación hubo un mago involucrado. Hoy sería muy difícil encontrar cualquier aceptación por parte de la ciencia de esas afirmaciones. El mundo de lo misterioso estaba emocionadísimo cuando una niña llamada Tina Resch fue confirmada por los parapsicólogos como un agente de poltergeist, los diarios estaban llenos de ello, y los científicos se encaramaron a ese tren desvencijado; hoy, Tina no es importante para nadie, y algunos científicos cuidan las heridas que recibieron por ese episodio. El mismo mago formó parte de la investigación. Ted Serios, el botones de Chicago, alguna vez fue promocionado fuertemente como el hacedor de maravillas en “pensamientografía”, y se trató de él en libros y elogiosos artículos de la comunidad parapsicológica; ahora sus trucos fueron olvidados, y nunca se discute de él en los círculos académicos. Aquí también se convocó al mago. Un tal Pavel Stepanek, comenzando en 1961, fue el favorito de la parapsicología, por haber sorprendido a los parapsicología con una serie de pruebas que tenían una posibilidad de éxito (sólo por azar) de 1 en 1.125.899.906.824.464; un resultado que desde entonces jamás se repitió. La edición de 1970 del Libro Guiness de los Récords Mundiales llegó a proclamarlo “el mejor clarividente jamás evaluado”. El final de la historia es que, cuando se mejoraron los controles de la prueba (cuyo diseño sugirió un mago), el cociente de éxito de Stepanek descendió a los niveles del azar. La “evaluación” de esta superestrella psíquica es un ejemplo clásico del interés propio en colisión con el interés de la ciencia, y de la ambición chocando con el sentido común. Stepanek “se retiró” en 1971, luego emergió de la oscuridad en abril de 1989 para un experimento en Amsterdam con el parapsicólogo Jan Kappers. Los resultados estuvieron ligeramente por debajo de lo que podía esperarse del azar. Stepanek y sus maravillas se desvanecieron de la vista.

¿Estos “resultados científicos”, tan aceptados y celebrados en algún momento por los psicólogos, son los que Keen menciona? No. Pero estos no cayeron bajo el escrutinio de un mago competente, y Keen no les escribió una rapsodia. Aquí hay un mensaje…

Keen continúa con la votación que se realizó en el programa de Fulcrum TV, que mostraba un incremento en la creencia de la audiencia a medida que el programa avanzaba. Pero incluso Keen admite que

… como bien dijo Randi, la evidencia se determina con la investigación científica (citemos aquí su oferta del millón de dólares entre gritos de “¡farsante!”) y no por votación.

Ni tampoco, agrego yo, con cartas de tarot o invocación de runas. Esto puede sorprender a Keen, pero no confío en esos métodos.

Sólo un ejemplo más de la perfidia de Keen:

El programa terminó con un experimento algo chapuceado en lectura psicométrica por parte de Charles para el cual se asignó un tiempo bastante inadecuado…

Esto no lo describe en absoluto. Charles lo arruinó, por completo. Estaba muy equivocado, y se tentó de risa, cuando descubrió que lo que se suponía que revelaría era un caso en el que él, en su empleo anterior como oficial de policía, había trabajado. Aparentemente presentó eso como una razón de que fallara… ¡aunque ese hecho debería haberle dado bastante ventaja, si hubiera tenido poderes “psíquicos” verdaderos! Esta prueba no fue “ligeramente chapuceada”; fue un completo desastre. Con esos estándares, Keen podría considerar que el último viaje del Titanic fue “menos que satisfactorio”.

Keen no investigó lo suficiente el asunto. Simplemente decidió aceptar y citar los inventos que crearon aquéllos que están desesperados por evitar el enfrentamiento entre los hechos y el mito, un enfrentamiento que no me trae terror alguno, pero que obviamente los frustra y los irrita. Él es un maestro de la ignorancia voluntaria y la mera invención.


Pido disculpas a mis lectores habituales por utilizar casi toda la página de esta semana con mi refutación abreviada al ataque de Keen. Más o menos cada dos años, tengo que “limpiar la casa”, para decirlo así, pero como una vez dijo Joan Rivers, “Limpiar la casa es ridículo. Uno lava la ropa, y los platos, trapea los pisos, saca la basura, ¡y cuatro meses más tarde tiene que hacerlo todo de nuevo!”. Bueno, yo tengo dos años de descanso relativo antes de que alguno aparece con una arenga que hay que manejar. Dense cuenta, el daño no se neutraliza; persiste, porque es algo demasiado bueno para dejar de lado. Los creyentes no tienen mucho a lo que aferrarse, así que se agarran de los jirones y se contentan con eso.

La próxima semana, pondré a prueba vuestra paciencia con un análisis detallado de una de las “lecturas” que hizo Keith Charles en ese estudio de TV… un logro tenido en gran consideración por Montague Keen…

(Firma de James Randi)

[1] Estos talles corresponden a tamaños en Estados Unidos; en Argentina serían talles 44 y 46. Para encontrar la equivalencia en otros países consulte esta página sobre las relaciones de talles de vestimenta. [N. del T.]
[2] Anecdotal en el original. [N. del T.]
[3] Ya que la página en cuestión no está traducida, dirigimos al lector a la página original a la que se refiere el artículo. [N. del T.]
[4] Tiene edición castellana: Fraudes paranormales (Tikal, Madrid, 1994) [N. del T.]


Traducción autorizada. Artículo original propiedad de Fundación Educacional James Randi. Se prohibe su reproducción con fines comerciales.

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