Por qué es malo ser un lobo marino

publicado en Simplikation.com, el 20 de noviembre de 2014
traducido por Marcelo Huerta San Martín el 8 de febrero de 2015

Es probable que hayan visto este comic de David Malki si frecuentan Twitter últimamente. Incluso se acuñó un verbo nuevo (“lobomarinar”, “sealioning” en inglés) para describir la acción de meterse en una discusión exigiendo pruebas y respuestas.

¿Pero por qué es algo tan malo? ¿Por qué la gente reacciona tan negativamente a que se le pidan pruebas? Seguramente una persona razonable y racional aceptará hacer algo así.

Bueno, no. He aquí las razones.

Tiempo perdido

La principal razón por la que la gente odia que la lobomarinen es porque responder a ello es una total pérdida de tiempo.

Es una trampa insidiosa. Responder a las preguntas razonables que le hacen a uno, por supuesto, es algo que se hace con naturalidad. A mí mismo me gusta hacerlo; educar a otros por lo general es bastante entretenido, especialmente si son receptivos para aprender. Descartar esas preguntas puede parecer condescendiente o descortés… especialmente si uno está, en efecto, siendo condescendiente o descortés.

Por supuesto, no le hacen a uno esas preguntas porque quienes las hacen realmente quieran saber la respuesta. Si ese fuera el caso, investigarían por su cuenta basándose en lo que uno afirma, y sólo pedirían información extraña o difícil de encontrar. Ese es el “principio del debate”; cuando uno va a un debate, se educa sobre los temas en cuestión y sólo pide pruebas cuando una afirmación es bastante extravagante o bien decididamente extraña.

No, a uno le hacen esas preguntas para hacerle perder el tiempo. Ciertamente funciona; yo he respondido a “lobos marinos” en el pasado, contestando a todas sus preguntas y pedidos de pruebas, sólo para encontrarme con más ignorancia deliberada. Es una forma de forzarlo a uno a responder preguntas planteadas de forma neutral pero hechas de mala fe.

Preguntar de mala fe

¿Qué significa preguntar de mala fe?

Cuando uno pregunta de mala fe, básicamente lo que busca es una forma de menospreciar, degradar o destruir de algún modo a su oponente. Un buen ejemplo de una pregunta obviamente hecha de mala fe es la siempre favorita “¿Cuándo dejó de pegarle a su mujer?”, dado que inmediatamente genera dudas sobre la persona a la que se interroga.

Sin embargo, es fácil hacer una pregunta de mala fe usando prácticas razonadas y de buena fe. Una construcción neutral no siempre garantiza que la pregunta se haga de buena fe. Esto es extremadamente obvio en los casos documentados de “lobos marinos”; el respondente contesta e inmediatamente el interrogador pide más información, malinterpreta la respuesta o la descarta por completo.

El propósito de lobomarinar nunca es aprender de verdad o informarse más. El propósito es hacer un interrogatorio. Igual que los auténticos inquisidores, los “lobos marinos” bombardean a su interlocutor con pregunta tras pregunta, cavando y cavando hasta que el interlocutor dice algo estúpido o se enoja tanto que reacciona de forma extrema.

Cargar los cañones con preguntas

Todo esto, por supuesto, se sustenta en hacer muchas preguntas, habitualmente con poco o ningún intervalo entre disparos.

Cuando al objetivo se le hacen preguntas continuamente (especialmente la misma pregunta con distinto formato, lo que es muy común en los lobomarineos) es traumático. Tiene que combatir su instinto natural de responder de buena fe a las preguntas neutrales, dado que responderlas sólo generará más preguntas. Es una violación forzada de la empatía que una persona compasiva siente hacia los demás, dado que la fuerza a notar que los interrogadores no están especialmente interesados en las preguntas mismas.

Súmese a esto que a uno lo lobomarinen varias personas, lo que es común en Twitter, y se obtiene una receta para una serie de mensajes muy frustrantes e infructuosos. Si uno responde, lo bombardean con más preguntas personas que no pretenden que se los convenza. Si uno no responde, lo acusan de no querer participar en una discusión razonada, pese al hecho claro y simple de que tal discusión no es razonable; simplemente tiene la apariencia de serlo.

Todos pierden

Ser lobomarinado es una situación en la que siempre se pierde. Al igual que la Guerra Termonuclear Global [*], la única jugada ganadora es no jugar. En este caso, bloquear o ignorar a los lobos marinos y seguir en lo nuestro, dejándolos descargar sus frustraciones donde uno no pueda verlos. Es mucho más sano para la mente.

Es una lástima que debamos sospechar de preguntas supuestamente honestas y neutrales. Hacer preguntas y estar abiertos es clave para establecer un diálogo y entenderse. Sin embargo, cuando uno es el objetivo de una brigada de lobos marinos el propósito es hacerlo perder a uno el tiempo respondiendo a cada insignificante queja, y hacer preguntas falsamente amigables es la forma más fácil de hacérnoslo perder.

Así que no lo haga. Emplee su tiempo en actividades más constructivas, como crear un juego, hablar con otras personas verdaderamente interesadas en dialogar, o cualquier otra forma de cuidar de sí mismo. No le debemos nada (y especialmente no les debemos respuestas) a una turba cuya intención es acosarnos.


Notas

[*] Referencia a la película Juegos de guerra, el enlace en el texto apunta a un fragmento de la misma en YouTube. [N. del T.]

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