Beatriz y las prohibiciones salvadoreñas

Un caso más de abuso contra la salud y los derechos de las mujeres (si es que existen) es el de una joven salvadoreña de 22 años, quien en la semana 13 del embarazo, sintiendo que su salud se deterioraba –sufre de lupus– fue al hospital para pedir que le hicieran un aborto que le fue negado. Ahora está en la semana 26 y tiene fallas renales serias. Su vida está en peligro.

El feto que lleva dentro es anencefálico, una severa malformación donde partes importantes del cerebro y del cráneo están ausentes. Las probabilidades de que sobreviva son casi nulas. Por esta razón y porque la salud de la madre se deteriora día a día, sus abogados han recurrido en última instancia a la Corte Suprema de Justicia, pues en El Salvador el aborto está prohibido bajo cualquier circunstancia.

El fallo de la corte negando el aborto se pronunció ayer, miércoles 29. “Existe un impedimento absoluto para autorizar la práctica del aborto” dicen los magistrados. “Los derechos de la madre no pueden prevalecer por encima de los derechos del feto”.

Contra toda la evidencia médica del agravamiento de la salud de la joven, madre de un niño de 1 año, la corte dice que su enfermedad está bajo control y que cualquier amenaza a su vida no es inminente y sí eventual. Ordena que su salud sea monitoreada y que si aparecen complicaciones que pongan su vida en inminente peligro los médicos “pueden proceder a hacer intervenciones”, intervenciones que de ninguna manera “tienen como objetivo ni mucho menos, la destrucción del feto”.

Veamos. Si una noticia así no es para salir corriendo a la calle a dar alaridos de desesperación y rabia contra tanta irracionalidad, es que se le ha congelado a uno la sangre en las venas. Pero como lo primero no es posible, al menos en mi ciudad, hay que enfriar el hervor.

“La corte ha puesto la vida de un bebé anencefálico por encima de la vida de la madre” dice Víctor Mata, uno de los abogados de la muchacha. “La justicia en este país no respeta los derechos de las mujeres”.

La organización antiaborto Sí a la Vida y por boca de su directora ha declarado “Una vez más los salvadoreños le hemos dado al mundo entero un ejemplo de que defendemos el derecho a la vida de todos los seres humanos, sean pequeños, pobres, vulnerables o indefensos”.

Bonita lección han dado al mundo entero. Una lección de ignorancia, estupidez, injusticia, intolerancia y misoginia.

Algunos grupos de personas sensatas se están movilizando en diversos lugares del mundo para salvar la vida de Beatriz, nombre ficticio. Pero los riñones funcionan cada vez peor, un combinado fatal resultado del lupus y de tener en el vientre un feto a todas luces seriamente malformado.

¿Van a esperar a que Beatriz entre en coma para retirar al bebé? Es posible que entonces ya sea tarde. No para el bebé, que ya está muerto en sus funciones cerebrales, sino para Beatriz que tendrá sus riñones con daños irreparables y su presión arterial por las nubes.

Este es un caso entre miles, que de forma excepcional se ha vuelto público. ¿Cuántas mujeres se mueren por la terquedad y la ceguera de legislaciones obsoletas y medievales? Muchísimas. Y todas ellas pobres, desamparadas, desconocidas.


Josefina Cano nació en Pasto, una ciudad lejana y olvidada de Colombia, donde hay más iglesias que escuelas y hospitales. Educada en una familia católica y en un colegio de monjas, pronto al final de la niñez inició su camino de escepticismo para acabar siendo atea practicante. Estudió biología en la Universidad Nacional de Colombia, donde realizó también su maestría en la Facultad de Medicina, con una tesis que fue laureada. Ejerció como docente hasta que salió del país para trabajar en investigación de las células cancerosas en Suiza, Canadá, Brasil (se doctoró en Genética Molecular en la Universidad de Sao Paulo). En Nueva York trabajó en el Albert Einstein College of Medicine. Ahora se dedica a la divulgación de la ciencia en su blog Cierta ciencia.


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