Medias verdades de los creacionistas sobre el Hombre de Piltdown

A finales de 1912 la prensa británica afirmaba que “el eslabón perdido” de la evolución humana había sido hallado. La prensa se refería al Hombre de Piltdown, el cual recibió el nombre científico de Eoanthropus dawsonii. Lo curioso es que ésta criatura jamás existió. La presencia de esta especie en nuestro árbol filogenético obstaculizo por cuatro décadas la comprensión de la evolución humana, pues este fósil, formado por un cráneo humano con una quijada de simio, reforzaba la idea que nuestros más remotos ancestros eran simios cuadrúpedos con un enorme cerebro, cuando en realidad nuestros antepasados de hace más de 16.000 generaciones eran pequeños bípedos con cerebros pequeños.

El fraude de Piltdown consistió en nueve restos craneales de un humano moderno con la mandíbula de un orangután. A fin de hacer parecer las dos piezas como pertenecientes a un mismo animal a la mandíbula se le había quitado el cóndilo mandibular (el punto de unión de la mandíbula con el cráneo) y la sínfisis mandibular (el lugar de unión de la mandíbula derecha con la izquierda), también se había teñido la mandíbula a fin que pareciera antigua y tomara el color del cráneo y se había limado los molares a fin que parecieran menos simiescos.

Desde que el fraude fue expuesto en 1953 los libros de texto no incluyen al hombre auroral como posible ancestro humano. Sin embargo, el hombre de Piltdown es con frecuencia mencionado por los creacionistas como ejemplo de la inexactitud de la biología evolutiva. La publicación evangélica de CHICK PUBLICATIONS es una muestra de ello y dice: “La mandíbula que descubrieron resultó ser de un mono moderno”.

El fraude de Piltdown se ha convertido en uno de los caballitos de batalla favorito de los creacionistas, pero antes de responder al frecuente alegato de “¿Por qué creerles a los evolucionistas cuando sus fósiles transicionales son fraudes?” es necesario conocer los eventos que rodearon el engaño.

La historia del fraude inició en 1908 cuando Dawson encontró los primeros fragmentos del “Eoanthropus” en Piltdown, Inglaterra. En 1909 Dawson se conoce con el joven Teilhard de Chardin (quien después descubriría al hombre de Pekín) y en febrero de 1912 los anteriores hacen equipo con el paleontólogo del museo británico, Smith Woodward. En junio de ese mismo año el equipo halla el molar de un elefante, un parietal derecho, una quijada. El molar del elefante resultó ser un fósil genuino, pero fue traído de otro lugar, probablemente de Tunicia; La quijada provenía de un orangután, probablemente proveniente de Sarawak, con una edad de 600 años aproximadamente. En 1913 Teilhard de Chardin encontró un canino simiesco que fue atribuido al hombre de Piltdowm. El canino resultó ser genuino, pero perteneció a un simio del Pleistoceno. De acuerdo con Smith Woodward, Dawson “halló” un segundo cráneo en 1915. Dawson muere un año después.

Desde su descubrimiento el hombre de Piltdown estuvo envuelto en discusión. Ya en 1913 había académicos que notaron que Piltdown era la asociación de un cráneo humano con una mandíbula simiesca. Sin embargo, la mayoría de los escépticos fueron callados cuando “se encontró” el segundo cráneo en 1914. Cabe mencionar que el primer cráneo pertenecía en realidad a un humano moderno de hace 600 años, parece que el segundo cráneo poseía una edad similar.

Hasta el momento se desconoce exactamente quién o quienes fueron los responsables del fraude. Sin embargo, Dawson sigue siendo el principal sospechoso.

El reinado del Eoanthropus empezó a tambalearse en 1936 cuando el dentista Alvan T. Marston al estudiar la morfología del canino se dio cuenta que este diente pertenecía a un simio. Martson llegó a esta conclusión al notar que la raíz del canino era curva, mientras que en los humanos es recta. Martson también noto que la raíz del canino del hombre de Choukoutien (El hombre de Pekín. Homo erectus) aunque primitivo tenía las raíces de los caninos rectas, además la corona del canino de Piltdown estaba curvada hacía las mejillas tal como ocurre en los simios. El hombre de Piltdown era la asociación de restos de dos primates diferentes, concluyó Martson, y estaba en lo correcto.

Martson también advirtió que la mandíbula tenía su color chocolate porque había sido tratada con bicromato de potasio. Luego el Dr. Oakley comparó el nivel de flúor en los huesos de unos fósiles auténticos del Pleistoceno medio (un occipital y un parietal izquierdo hallados por Martson en 1935 en Swanscombe) con otros restos provenientes de Galley Hill. Los restos hallados por Martson en Swasncombe resultaron ser más antiguos que los de Galley Hill, ya que los primeros presentaban un 2% de flúor mientras que los segundos contenían entre 0.2 y 0.4 % de flúor.

En 1948 le llegó el turno a los restos de Piltdown. Si Piltdown en realidad pertenecía al Pleistoceno debería tener un porcentaje de flúor algo similar a los restos de Swanscombe. Sin embargo, los restos de Piltdown presentaban solo entre 0.1 y 0.4 % de flúor, además había una diferencia de flúor entre el cráneo y la mandíbula. Dado que la cantidad de flúor presente en un resto es mayor a medida que pasa el tiempo, no quedaba otra opción que afirmar que Piltdown era muy reciente.

Los estudios que se llevaron a cabo luego para determinar la dentadura demostraron que los molares habían sido limados y que tal abrasión no correspondían a los movimientos naturales de desgaste que se dan en la vida de un individuo. Luego al intentar perforar la mandíbula, los investigadores se dieron cuenta que ésta había sido cubierta con bicromato de potasio para hacerla parecer como antigua y emparejar el color de ésta con el del cráneo. Con todas estas pruebas Weiner, Le Gros Clark y Oakley expusieron públicamente el fraude en 1953.

Volviendo al punto de las objeciones de los creacionistas es necesario recordar que la ciencia no es como muchos creacionistas afirman: “lo que creen los científicos”. Piltdown puede verse como un gran descalabro, pero también puede verse como una ocasión en la que el escepticismo propio de la ciencia logró sobreponerse a la impostura. Respecto a esta característica de la ciencia Carl Sagan nos dice:

“Una de las razones del éxito de la ciencia es que tiene un mecanismo incorporado que corrige los errores en su propio seno. Quizá algunos consideren esta característica demasiado amplia, pero para mi, cada vez que ejercemos la autocrítica, cada vez que probamos nuestras ideas a la luz del mundo exterior, estamos haciendo ciencia”.

Esta autocrítica de la que nos habla Sagan está presente en la paleontología, y si bien es cierto que el caso que Piltdown fue un verdadero “autogol” quienes también tienen algo que aprender de este caso son los creacionistas. ¿Cuánto tiempo estarán cerrados a las evidencias de los fósiles auténticos? El ejemplo de escepticismo de Alvan T. Marston y la humildad de la comunidad paleontológica para reconocer su error son útiles a los creacionistas.


Nota:

Para una discusión de ¿Por qué se aceptó de entrada a Eoanthropus como genuino? Se recomienda la lectura del ensayo “Nueva visita a Piltdown”, presente en el libro El pulgar del panda de Stephen Jay Gould.


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