Cuando el dolor no es síntoma sino causante

Medicina. El cuerpo ha desarrollado distintas formas de avisar que hay un problema. La fiebre y el dolor son dos de las más comunes. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que en la osteoartritis, el dolor no es simplemente un síntoma sino un promotor de la condición.

Nuestro organismo posee un complicado pero eficiente sistema de comunicación. Los nervios envían señales desde y hacia distintas regiones del cuerpo según sea necesario y el dolor, es una de esta señales. Por supuesto, conocemos muchas clases de dolor, desde el subjetivo, ese que experimentamos como sufrimiento, hasta diferentes prototipos de dolor fisiológico que están basados en problemas concretos en el cuerpo. El dolor producido por enfermedades como la osteoartritis se encuentra entre estos prototipos y se conoce como nociceptivo.

Veamos un ejemplo claro. Usted se cae y se disloca la muñeca, antes de sentir el dolor y comenzar a gritar deben ocurrir varias cosas dentro de su cuerpo. La información de lo ocurrido y el dolor causado debe ser transmitido a través de los caminos celulares nerviosos desde su muñeca hasta los cuernos dorsales en el médula espinal, que es como una estación donde se procesa el dolor. Es en ese momento, cuando los datos llegan a la médula, que usted sentirá el desagradable malestar causado por su caída. Ese proceso es llamado nocepción.

Pues bien, es aquí donde entra el resultado de este nuevo estudio publicado en el diario científico Artritis y Reumatismo. Los investigadores han obtenido evidencias sustanciales de que cuando ocurre una comunicación nociceptiva de dos vías, como “conversaciones cruzadas”, las señales de dolor no sólo transmiten el mensaje sino que llevan consigo inflamación que trasladan hacia otras articulaciones, la médula y el cerebro, extendiendo la enfermedad de artritis por todos lados. Por ende, convirtiéndose, en más que un síntoma, en un causante de la condición.

Ahora, los investigadores están buscando la manera de evitar que estas conversaciones cruzadas ocurran entre las células nerviosas durante el proceso ya mencionado de nocepción.

Hasta hace relativamente poco tiempo, la osteoartritis era conocida como una parte inevitable de la vejez, del daño debido al uso, sin embargo, estos estudios recientes demuestran cada vez con más evidencias que cambios bioquímicos específicos contribuyen a que aparezca y se extienda le enfermedad”, explicó Stephanos Kyrkanides del Centro Médico de la Universidad de Rochester. “Nuestro estudio ahora confirma que estos cambios tienen que ver con la forma en que se procesa el dolor y sugiere los mecanismos detrás de este efecto. Ahora debemos buscar una manera de revertir este tipo de comunicación nerviosa para evitar la expansión del dolor y la inflamación”.

Hay que bloquear el diálogo celular

La artritis destruye los cartílagos en las articulaciones, esas almohaditas que evitan que los huesos sufran daños cuando nos movemos. La osteoartritis, que es la forma más común de la enfermedad, es aún peor ya que eventualmente deforma los huesos y causa dolor por la pérdida de dicha protección, especialmente en regiones donde el cuerpo carga pesado, como en las caderas y las rodillas. “Ahora que sabemos que el dolor puede distribuir inflamación a través de las señales nerviosas, hemos logrado señalar varios blancos claves para producir drogas que eviten esta distribución al interferir con receptores inflamatorios en los nervios sensoriales”, indicó Kerry O’Banion, también de Rochester y coautor del estudio.

Contra otras enfermedades también

Los investigadores utilizaron ratones modificados genéticamente para realizar los experimentos. En una primera prueba, uno de los animales había sido genéticamente diseñado para que los científicos pudiesen aumentar la producción de la señal química proinflamatoria, Interleukina 1-beta (IL-1ß), en la mandíbula, una locación común para la aparición de la osteoartritis. El estudio demostró, por primera vez, que al aumentar ese químico en una articulación en la periferia, ocurría un aumento doble en los cuernos dorsales de la médula espinal. Al reducir la producción del químico, también redujeron los síntomas de la condición. Los científicos opinan que enfermedades como el Alzheimer, la esclerosis múltiple y la demencia, se beneficiarán también con los resultados del estudio.


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