El poder adictivo del azúcar

Neurología. Un equipo de investigadores liderado por el profesor Bart Hoebel, ha publicado una serie de estudios cuyos resultados observan el mismo mecanismo de adicción que ocurre en drogas como la heroína.

A pesar de que somos capaces de sentir la fuerza que el deseo de “un dulcito” tiene sobre muchos de nosotros, parece exagerado comparar el efecto del azúcar en el cerebro con la cocaína, por ejemplo. No obstante, científicos en el Instituto Princeton para las Neurociencias aseguran no estar amplificando sus conclusiones de años de experimentos en los cerebros de ratas.

La base del estudio se centra en la adicción y sus características. El equipo ha estado trabajando en el experimento durante años y había logrado establecer dos de los tres elementos que identifican al comportamiento adictivo.

Ya habíamos demostrado una conducta de aumento en la dosis, es decir, los animales cada vez tomaban más azúcar si podían hacerlo, también encontramos el síndrome de abstinencia en los roedores cuando no encontraban su dulce, de hecho, estos animales tendían a consumir más alcohol si no encontraban el azúcar. Ahora, el nuevo experimento muestra la recaída y las ansias de conseguir más del producto, el cuadro completo de un cerebro adicto”, explicó en EurekAlert el profesor Bart Hoebel, autor principal del experimento.

Si atiborrarse de azúcar es realmente una forma de adicción, entonces debemos encontrar efectos perdurables en los cerebros de estos adictos”, indicó Hoebel. “Las ansias y la recaída son componentes críticos en cualquier adicción y hemos logrado demostrarlo de varias formas en estos animales”.

Sabemos bien que los roedores son modelos ejemplares a la hora de estudiar la conducta y sus efectos en el cerebro y viceversa. Estos animales poseen conductas muy parecidas a las nuestras y sus cerebros (y otros órganos también) han avanzado significativamente el estudio científico. Ciertamente, sus comportamientos en esta investigación son sumamente parecidos a los adictos humanos.

Cuando el suministro de azúcar disminuía en los ratones que habían adquirido la adicción, éstos hacían lo imposible para conseguir el producto. Trabajaban más, haciendo cualquier cosa, cuando era reintroducida en el ambiente. Luego consumían mucho más azúcar que antes, una cantidad verdaderamente impresionante, lo que sugería ansiedad por tenerla y recaída”, explicó.

Estos resultados no sólo amplían el conocimiento general sobre el cerebro y el mecanismo que subyace detrás de cada adicción, sino que también nos abre otra ventana hacia la compleja conducta animal y sus orígenes biológicos. La adicción no es una debilidad de carácter, no es un descontrol que implique inseguridad y cobardía, es una enfermedad en el cerebro que puede tomar un sinnúmero de caras distintas.

Es probable que la neurología se encargue, esperemos que muy pronto, de erradicarla de nuestras vidas para siempre.

Contra desórdenes alimenticios

Hoebel y su equipo se prepara para presentar sus resultados en la reunión anual del Colegio Americano de Neuropsicofarmacología que se celebrará en Scottsdale, en el estado de Arizona próximamente.  “Tenemos en nuestras manos los resultados del primer conjunto de estudios comprensivos sobre la adicción al azúcar en el cerebro de ratas en el laboratorio y el mecanismo que parece soslayar todo el proceso. Eventualmente, estos resultados nos llevarán a descubrir mejores formas para tratar enfermedades metabólicas y desórdenes alimenticios en humanos”, expresó el investigador. Hoebel no es un científico nuevo. El neuropsicólogo estudió con el renombrado conductista, B. F. Skinner y lleva décadas estudiando el mecanismo cerebral para el apetito y el peso corporal. “Parece posible que las adaptaciones cerebrales y conductas que hemos visto en las ratas ocurran en algunos individuos que padecen de bulimia y otros desórdenes alimenticios”. Otros estudios ya han confirmado que existe un solo camino en el cerebro para todas las adicciones, es el umbral de resistencia lo que varía.

Una cuestión de dopamina

El problema con las drogas es que causan placer, proveen lo que ofrecen y ese incremento de dopamina es fatal en algunos cerebros predispuestos a la adicción”, explica Amy Armentrout, neuróloga de la Universidad de Pittsburgh. Ciertamente, las ratas hambrientas que se atiborraban de azúcar provocaban una inyección de dopamina en sus cerebros y todos sabemos que la dopamina causa placer. Sin embargo, después de un mes, las ratas necesitaban aumentar la dosis ya que sus cerebros se habían adaptado a los niveles altos del neurotransmisor, además, mostraban menores cantidades de un receptor particular de dopamina y más de los receptores opioides. Lo interesante es que estos dos elementos están involucrados en el complejo sistema neuronal de motivación y recompensa que controla la forma en que nos gusta algo y qué tanto lo queremos. Cambios similares han sido observados en las ratas adictas a la heroína o la cocaína.


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