Células madre para curar neuronas

Por Glenys Álvarez

Neurología. Un grupo de científicos estadounidenses ha estado trabajando durante cuatro años para perfeccionar un tratamiento con células embrionarias que reparen la ausencia de producción de mielina que caracteriza condciones como la esclerosis múltiple. Los nuevos resultados son muy optimistas

Conocer los componentes y las funciones del cerebro es el primer paso para idear una forma de arreglar sus daños. Las condiciones neurológicas se diferencian, precisamente, de acuerdo a las partes de las neuronas afligidas por algún problema genético o debido a áreas dañadas que crean conflictos en su funcionamiento. Una vez el equipo científico reconoce el daño, es mucho más fácil pensar en cómo arreglarlo.

Pues bien, durante años, varios laboratorios en el mundo han estado usando las células madre embrionarias para reparar problemas en cerebros de ratones. Como saben bien los lectores de ciencia, es posible conseguir ratoncitos con problemas específicos, especialmente cuando se trata de daños genéticos, que los investigadores entonces se dan a la tarea de enmendar. En esta ocasión, los ratoncitos utilizados por el equipo sufrían de temblores creados por la poca producción de mielina en sus cerebros. Esta ausencia del químico es debido a un error genético que los investigadores han conseguido reparar a través del uso de células madre. Los resultados han sido tan asombrosos que los científicos esperan conseguir aprobaciones para iniciar pruebas clínicas en humanos en un par de años.

“Los ratones usados sufrían de una mutación genética que les impide producir mielina. Sin la mielina, las señales neurológicas se detienen, causando una enfermedad potencialmente fatal”, explicó para el diario Nature Steven Goldman, de la Universidad de Rochester en Nueva York.

El tratamiento utilizado en el experimento usa células progenitoras gliales que son las que pueden diferenciarse en distintos tipos de células. No debemos olvidar que el encanto de las células madre embrionarias yace en su poder para transformarse en cualquier tejido del cuerpo. El problema hasta el momento era guiarlas en esta transformación pero los científicos, mediante su uso, han aprendido un poco más sobre ellas y ejercen mayor control sobre sus cambios. Para esta ocasión, las células madre se transformaban en mielina, una proteína que sirve como protectora de los “largos brazos”, llamados axones, que caracterizan a las células nerviosas. La mielina es como una conductora de señales y sin ella las neuronas no se pueden comunicar efectivamente.

Goldam y su equipo tomaron las células progenitoras de la materia blanca del cerebro fetal humano y la inyectaron en la espina dorsal de los ratoncitos con la mutación genética que los hacía temblar. Los ratones mostraron un crecimiento impresionante de mielina en las regiones donde las células madre fueron inyectadas.

La mielina en el cerebro humano

A pesar de nuestras obvias diferencias anatómicas, los mamíferos compartimos un gran porcentaje de coincidencias genéticas que permiten que los experimentos con roedores y otros animales puedan ser equiparados con los seres humanos. En nuestro caso, la mielina es igual de importante que en el caso de los roedores. La pérdida de esta proteína causa enfermedades fatales en los humanos también como la esclerosis múltiple y otras raras condiciones en niños. Por ejemplo, una de ellas se hizo muy famosa en la películas Lorenzo’s Oil, basada en un caso real cuya víctima, Lorenzo Odone murió recientemente a los 30 años de edad. El joven sufría de adrenoleukodistrofia, un error al producir mielina en el cerebro. Goldman lleva ya cuatro años perfeccionando este tratamiento para inyectar células madre en cerebros humanos y devolver la producción de la proteína a estas personas.

Tres grupos experimentales

El equipo usó tres grupos de ratones en el experimento, de ellos 26 fueron tratados con las inyecciones de células madre. “300,000 células progenitoras gliales humanas fueron usadas en 26 ratones, otros 29 con inyecciones controladas y 59 fueron dejados sin tratamiento. La salud de todos los ratones se deterioró en los primeros 130 días, como ocurre en todos los animales con poca producción de mielina, especialmente con la condición de temblores que padecían los roedores. A los 150 días, todos los del grupo sin tratar y control habían muerto, sin embargo, seis de los que fueron inyectados con las células progenitoras continuaban vivos”, explicó Goldman. Más aún, cuatro de esos ratoncitos continuaron vivos por más de 14 meses. “Más que vivos, estaban produciendo mielina como si no padecieran de la enfermedad”.


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