Descubren nueva mutación genética en la esquizofrenia

Neurobiología. Un equipo internacional ha descubierto mutaciones genéticas que apuntan a un gen en específico y a un circuito de señalización cerebral que están involucrados en la enfermedad mental y que son ya conocidos en el mundo de la farmacéutica.

Es difícil ver con exactitud hacia dónde nos llevará el desarrollo de la genética, pero las posibilidades son realmente asombrosas. Los genes protagonizan cada vez más noticias sobre enfermedades varias, muchas de ellas mentales; indudablemente, nuestra herencia juega un papel importante en condiciones graves como la esquizofrenia, que afecta al 1% de la población mundial, especialmente si uno de sus padres también la padeció.

No obstante, la relación entre los genes del animal y el medio en el que se desempeña es inseparable y sabemos que el medio puede afectarnos a nivel genético, pero para la esquizofrenia ya se han descubierto raras mutaciones en distintas ubicaciones del genoma que resultan en un riesgo mucho más alto de desarrollar la enfermedad.

Roberto, un chico de 17 años, comenzó a escuchar voces durante la adolescencia. Su vida era entonces prometedora, tenía sueños de universidades y carreras, pero la esquizofrenia le jugó una carta perversa. La condición presenta problemas realmente serios. Es un desorden cerebral que interrumpe drásticamente con la vida del individuo con síntomas que incluyen alucinaciones severas, desórdenes del pensamiento y delirios. Roberto iba manejando a su colegio cuando escuchó las voces por primera vez, desde entonces, las cosas sólo se han complicado.

Aunque es indudable que el conocimiento sobre la esquizofrenia ha avanzado notablemente y muchas personas hoy pueden vivir relativamente vidas normales con la enfermedad, todavía es mucho el camino que se necesita recorrer para erradicarla completamente. En la actualidad, estudios realizados por Mary-Claire King, profesora de genética en la Universidad de Washington, y Jonathan Sebat, profesor de psiquiatría y medicina molecular en la Universidad de California en San Diego, han encontrado que las raras mutaciones que aumentan el riesgo de contraer la enfermedad consisten en variantes en los números de copias (CNV), que se trata de un tipo de variación genética donde la cantidad de copias difiere entre individuos. Aquellos resultados fueron los primeros que mostraron evidencias claras de que mutaciones extrañas pueden causar la esquizofrenia. Sin embargo, esos experimentos no identificaban los genes específicos involucrados en dichas mutaciones.

Este nuevo avance ha ido mucho más allá. Sebat, junto a un equipo internacional de científicos, ha identificado una mutación genética relacionada estrechamente con el desorden cerebral y que, además, apunta hacia un circuito de señalizaciones que puede ser tratado con compuestos que ya existen en el mundo de la farmacéutica, lo que avanzaría enormemente la investigación en este sentido.

“El trabajo nos presenta con implicaciones inmediatas y significativas para la neurobiología y para el tratamiento de la esquizofrenia porque el gen que ha sido identificado es un blanco muy atractivo en el mundo del desarrollo de medicamentos”, escribieron los científicos.

Sebat añadió que es el tipo de gen que la industria farmacéutica espera con ansias para trabajar con él porque “su actividad puede ser modulada a través de la síntesis de péptidos; y algunos de ellos ya han sido creados”, dijo.

Miles de genomas

Un gen en especial se convirtió en el protagonista del experimento. Se trata del receptor de un péptido neuronal conocido como VIPR2 y que es sumamente importante en el desarrollo del cerebro. Para llegar a la conclusión de que se trataba de este gen, el equipo internacional escaneó los genomas de 8,290 individuos diagnosticados con esquizofrenia y de 7,431 de individuos saludables usados como control.

“Descubrimos vínculos fuertes a lugares múltiples del genoma. Algunos ya habían resultado candidatos en otros estudios pero otros fueron descubrimientos nuevos e importantes. Uno de ellos fue la repetición de la punta del cromosoma 7q que fue detectada en individuos con esquizofrenia en un promedio 14 veces más alto que en los grupos control. Las variantes descubiertas, o CNVs, todas apuntaban al gen mencionado el cual es formalmente conocido como: “Receptor Péptido Intestinal Vasoactivo 2” (VIPR2) y que no sólo tiene que ver con el desarrollo del cerebro sino que también está expresado en el sistema nervioso, en los vasos sanguíneos y en el tracto gastrointestinal.

“Este gen ayuda a regular la formación de actividad en las neuronas del cerebro. En ratones, por ejemplo, juega un importante papel en procesos conductuales, incluyendo el importante proceso de aprender y de tomar el tiempo en actividades del diario vivir”, escribieron los autores en el diario Nature, donde fueron publicados los resultados.

Flechas farmacéuticas para una diana conocida

“Este descubrimiento puede que sea el mejor objetivo que ha surgido de los estudios genéticos para enfermedades mentales. De hecho, es precisamente de lo que se trata la medicina genética, encontrar genes relevantes y, a través de información genética recabada, producir estrategias posibles para conseguir un tratamiento”, expresó Sebat.

El equipo que participó en el experimento midió la expresión del susodicho gen en las células rojas de los pacientes y encontraron que en individuos con mutaciones, el gen VIPR2 se sobre-expresaba y permitía mucha más actividad del receptor.

“Concluimos que el efecto de las mutaciones causales es elevar el volumen de la vía de señalización del VIP y tenemos ya compuestos que funcionan en estas señalizaciones. Por lo que el próximo paso será probar si estos compuestos tiene efectos beneficiosos en los ratones y en células cultivadas en el laboratorio y que llevan la mutación del gen VIPR2”, explicó.

Entre los científicos que participaron en este experimento internacional estuvieron investigadores de varias universidades y organizaciones científicas en Estados Unidos, del Colegio Universitario Trinity en Dublín, Irlanda y de la Universidad Andrés Bello en Santiago de Chile.


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