Galaxia herida brinda información importante del cosmos

Astronomía. Una galaxia observada que llega un agujero por la posible colisión con otra puede resolver dos de las grandes preguntas sobre la formación de las galaxias que tienen que ver con la materia y la radiación

La Vía Láctea, donde vivimos, produce diez nuevas estrellas al año; que no es mucho en comparación con la galaxias que tenemos mucho más lejos de aquí. Por ejemplo, las galaxias más activas en el universo producen miles de estrellas anualmente, estos lugares se encuentran a 10,000 millones de años luz de nosotros. Una distancia casi imposible de imaginar y que no sólo pasea con el espacio sino con su hermano el tiempo.

Ciertamente, la formación de una galaxia es un hecho extraordinario. Los científicos se preguntaban las recetas, añadían ingredientes a las supercomputadoras y hacían observaciones cada vez más complejas con el objetivo de encontrar sus respuestas. Sabían que la materia oscura era necesaria (es como cocinar con un sazón que desconoces pero funciona) pero no tenían idea de cuánta era suficiente. Como la sal, si le pones mucha la salas y si no le pones pues queda desabrido. Los avances en estos aspectos han ido cambiando, ahora se cree que se necesita diez veces menos materia oscura de lo que se pensaba antes, sin embargo, aún no se sabe cómo las galaxias se apoderan de la materia y cómo liberan la radiación energética; otras partes fundamentales de la formación de estos gigantescos hogares estelares.

Pues bien, algunas de las respuestas a estos problemas han sido encontradas en una galaxia lejana. Un equipo liderado por Michael Rauch, de los Observatorios Carnegie, usaron los telescopios en Las Campanas y encontraron esta extraña galaxia que ahora estudian.

“Durante la época cuando las primeras galaxias se formaron, se cree que ellas mismas irradiaban energía que rodeaba a los átomos neutros de hidrógeno y los excitaba a tal punto que perdían los electrones. Este fenómeno producía el plasma ionizado que hoy se encuentra por todas partes en el universo. Sin embargo, no sabíamos bien cómo esta alta energía escapaba el halo que envuelve la galaxia”, explica Rauch.

Las galaxias que se conocen y se estudian hoy tienden a estar rodeadas por un halo gaseoso de hidrógeno neutro que absorbe la luz que ioniza al hidrógeno antes de permitirle que corra más allá de la galaxia, es decir, que escape. Los astrónomos descubrieron que esta galaxia en particular tenía un pedazo de luz extendido que la rodeaba.

Pérdida de radiación

“La apariencia que observamos significa que la mitad de la radiación galáctica debe estar escapándose y excitando átomos de hidrógeno afuera del halo”, nos dice.

Por supuesto, no se trata de una galaxia común y corriente. Al parecer está herida, el choque contra otra galaxia dejó un agujero en ella que es lo que ahora permite que la radiación se salga.

“Esta galaxia es un despojo de una población conformada de galaxias enanas blancas que una vez fueron numerosas. Pensamos que la pérdida de radiación durante estas colisiones puede ser responsable de la ionización del universo, no debemos olvidar que cuando el universo era mucho más denso estos choques entre galaxias eran cada vez más comunes que hoy”, dice el astrónomo.

Por supuesto, en un universo en expansión, las galaxias están cada vez más lejos unas de otras y las colisiones tardan más tiempo en ocurrir. Ahora bien, con la nueva observación, los astrónomos entienden mejor el flujo de la materia interna, la que utiliza para formarse originalmente. Con la particular galaxia, el agujero por donde se escapa la radiación ilumina un camino de gas que es responsable de alimentar con nuevo material a la misma galaxia herida.

“La existencia de estas estructuras habían sido pronosticadas por teorías, sin embargo, no la habíamos visto previamente porque casi no emiten luz propia”, nos asegura Rauch quien junto a George Becker y Martin Haehnelt, de la Universidad de Cambridge, Jean Rene Gauthier, de la Universidad de Chicago, Swara Ravindranath del Centro para la Astronomía en India y Wallace Sargent del Observatorio Palomar en California, realizaron el estudio.


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