Antropología

Genética. Una mutación genética pudo haber iniciado la evolución del cerebro humano.

Es probable que hace unos 2.4 millones de años, un gen haya iniciado una interesante cascada evolutiva. De acuerdo con un impresionante estudio antropológico y genético, los residuos de este gen, que permanece inactivo en todas las personas en el mundo, junto al elaborado estudio de los fósiles, ha originado una controvertida teoría sobre la evolución del cerebro humano. Los científicos que no estuvieron involucrados en el estudio han catalogado la nueva teoría como “intrigante y provocativa” y otros más se refieren a ella como una “hipótesis seductora”.

Todo comenzó durante unas investigaciones dirigidas al conocimiento minucioso de la distrofia muscular. Los científicos estudiaban residuos de genes que estuvieran envueltos en la producción y el control de la miosina, una proteína que se encarga de la producción de tejido muscular. En una parte del genoma que había sido obviada por los investigadores, descubrieron un gen que permanecía inactivo en los humanos pero que estaba intacto en el genoma de algunos simios como los chimpancés y los monos macacos.

Es la primera diferencia funcional genética que encontramos entre los humanos y los simios. Además, y aún más importante, al comparar estos cambios anatómicos con el récord de fósiles que tenemos disponibles nos dimos cuenta que aparece en el momento preciso en que cambios evolutivos comienzan a aparecer en los homínidos”, explicó el director del equipo de la Universidad de Pennsylvania donde se realizó el estudio, el doctor Hansell H. Stedman.

El ahora famoso gen, denominado MYH16, se encarga de producir músculos en la mandíbula que aumentan el poder para masticar y morder. Los investigadores opinan que la inactividad de este gen permitió que el cerebro humano encontrara más espacio en el cráneo para crecer y evolucionara hacia el Homo sapiens que somos hoy. En otras palabras, el homínido de unos 2.4 millones de años atrás, con una protuberante mandíbula y un cerebro pequeño, se benefició de la mutación del gen y intercambió el poder de su mordida por más poder neuronal.

Cuando comparamos el momento en que pensamos mutó el gen con la cantidad de fósiles que indican la aparición de los primeros homínidos, los cálculos nos dicen que ambas ocurrencias están involucradas. Alrededor de esta fecha es cuando los primeros animales del genus homo, con mandíbulas más pequeñas y cráneos más grandes, comienzan a aparecer. De hecho, dos millones de años atrás es precisamente cuando el Homo erectus salía caminando del continente africano”, explicó la doctora Nancy Minugh-Purvis, paleoantropóloga y parte del equipo en Pennsylvania.

Algunas opiniones en contra

A pesar de tratarse de una investigación sumamente elegante, no creo que la evolución del cerebro humano haya sido propiciada por una sola mutación genética. Quizás la inactividad de MYH16 haya iniciado una cadena de eventos que llevaran a los primeros homínidos al desarrollo posterior en Homo sapiens”, sugirió para el periódico The New York Times el doctor Alan Walker, especialista en evolución humana de la misma universidad.

Sin embargo, el doctor Stedman, director del equipo de investigación, defiende intensamente su postura. “No sugerimos que la mutación del gen dio lugar al Homo sapiens, más bien eliminó un impedimento que había inhibido hasta el momento el crecimiento cerebral”.

¿Cuál es la teoría?

Según la nueva investigación, un gen es responsable de la gran diferencia entre los monos y los seres humanos. De acuerdo con los antropólogos, el gen sufrió una mutación hace unos 2.4 millones de años que permitió el desarrollo cerebral de los homínidos. Los especialistas sugieren que este gen, cuya función es producir músculos fuertes en la mandíbula, al dejar de funcionar permitió que la mandíbula comenzara a decrecer y el cráneo hiciera más especio para la evolución de un cerebro más grande.

Interesantes coincidencias

El gen en cuestión ha permanecido desactivado todos estos millones de años en la humanidad completa. Sin embargo, los monos, como los chimpancés y los macacos, lo tienen intacto.

Miosina

MYH16 se encarga de producir miosina, una proteína que hace crecer los músculos de la mandíbula. Para los investigadores, la mutación del gen hizo que la mordida de los homínidos perdiera el poder, que fue compensado con el desarrollo del cerebro que utilizó el espacio de la prominente quijada de los simios, para crecer y evolucionar.


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