La verdad sobre la reciprocidad

Estudio. De acuerdo con varios experimentos realizados en las calles de Chicago, actuar mal o tomar cosas de otras personas, escala de forma tal, que un conflicto pequeño puede tener consecuencias desastrosas y todo por la forma en que actuamos.

Es indudable que vivimos afectados por los intercambios sociales que experimentamos diariamente. Desde que ponemos un pie, o una goma, en la calle, comenzamos a interactuar, de una forma u otra, con todo el que se nos cruza y nuestras reacciones influyen, no sólo en nuestras conductas inmediatas, sino en el comportamiento de los demás. Ciertamente, un nuevo estudio sobre la reciprocidad muestra conductas y efectos bastante sorprendentes sobre esta característica humana.

Cuando nos referimos a esa cualidad de reciprocar, no siempre hablamos de lo positivo. De hecho, de acuerdo con los resultados del nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Chicago, la reciprocidad es mucho más asimétrica de lo que pensamos y, más aún, ser malo o actuar negativamente, causa más reacciones a corto y largo plazo que actuar bien, como una buena persona. Por supuesto, que no quiere decir que ganaremos más siendo peores, sino que cuando actuamos así, al final recibimos mucho menos.

Tomemos un ejemplo que nos resultará a todos muy familiar: el tránsito. Los investigadores en Chicago aseguran que las reacciones cuando manejamos ejemplifican muy bien los resultados de otros experimentos. “Cuando una persona maneja de forma generosa y amable, dejando a otros pasar, ese chofer es probable que actúe de forma considerada como respuesta, sin embargo, el que se incomoda, corta y bloquea el paso, originará un efecto que puede escalar en un conflicto innecesario y sumamente violento”, explicó para EurekAlert, Boaz Keysar, profesor de psicología de esta universidad y autor principal de este experimento.

De acuerdo con el equipo de Keysar, la reciprocidad negativa, o el arte de tomar, tiende a escalar. Y, según los científicos, el asunto se torna aún peor porque la persona que está siendo inconsiderada y actuando mal, no tiene idea de la forma en que el otro, el recipiente de la acción, lo toma. Esa persona, aseguran, puede tomarlo tan mal que un simple bloqueo se convierte en una estúpida tragedia.

“El que actúa mal no sabe cómo la víctima tomará su acción y la víctima, que no puede imaginarse que el otro no lo tome en cuenta ni aprecie su indignación, responde aún más violentamente. Así continúa este ciclo vicioso que daña más en sus dimensiones negativas que en sus positivas”, explicó Nicholas Epley, profesor de economía de la misma universidad.

Los gestos generosos son percibidos como mayores que los actos en que la persona toma y no da, aún tengan el mismo valor de forma objetiva. En resumen, tomar de más, al final, lo dejará con mucho menos.

El misterioso altruismo primate

Cuando estudiamos la evolución de la conducta animal, buscamos sus orígenes en las ganancias, lo que el animal obtiene si se comporta de tal o cual forma. Por ello, conductas altruistas y generosas, son muchas veces difíciles de explicar, especialmente en animales con menor desarrollo cerebral. Sin embargo, el intercambio social responde a muchas de estas cuestiones. Los humanos, sobretodo, somos animales intensamente sociales y nuestro progreso depende del éxito social del grupo. Esta cualidad ayuda a explicar por qué actuamos como actuamos. En esta ocasión, el efecto de la generosidad es mucho menor que la reacción que produce actuar mal. Cuando la conducta es negativa, lo sembrado se cosecha después en menores logros para el grupo o el individuo que se portó mal.

Experimentos con transacciones monetarias

Los investigadores salieron a demostrar sus hipótesis tanto dentro de la universidad como en el centro de Chicago, con personas desconocidas. Los experimentos fueron realizados con dinero, los investigadores dividieron a grupos de estudiantes y formaron un juego con ellos donde las ganancias serían monetarias. En uno de ellos, uno de los voluntarios sabía que otro estudiante había recibido cien dólares y que él podía quitarle tanto como quisiera. Cuando los estudiantes tomaban 50 dólares y los papeles eran cambiados, los demás tomaban más cuando era su turno, sin embargo, cuando era una cuestión de dar y no de tomar, los voluntarios eran más justos unos con otros.


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