Una enzima bacteriana ayuda a limpiar el paso para los nervios

Neurología. Nuevas investigaciones y experimentos en ratones prometen una forma distinta de “despertar” a los nervios de la médula espinal.

Las lesiones en la médula espinal son bastante conocidas por el mundo. De tres a cinco personas, por cada cien mil, sufre este tipo de parálisis. El típico paciente es un hombre joven involucrado en algún accidente automovilístico, violencia o caída. La mayoría de las víctimas sobreviven pero permanecen parcial o completamente paralizados de por vida. Por décadas, los neurólogos han intentado varios tipos de rutas para tratar estas condiciones. Desde el uso controversial de las células madres hasta la utilización de choques eléctricos para activar el funcionamiento nervioso en la médula. Todos sin resultados prometedores.

Sin embargo, nuevas investigaciones y experimentos en ratones prometen una forma distinta de “despertar” a los nervios de esta región. Las células nerviosas en estos lugares podrían regenerarse pero, luego de la lesión, moléculas y células nuevas se “mudan” hacia el lugar de la herida y hacen la recuperación de conexiones entre los nervios, virtualmente imposible.

Imagine que usted es una célula nerviosa caminando por esta parte del organismo. Usted se vería frente a un tupido bosque de moléculas, terminaciones nerviosas, conexiones de axones y otras células que le harían bastante dificultoso el paseo. Si la misma célula intenta este recorrido después de una lesión, el paseo sería imposible.

Cuando una persona sufre una caída y se rompe parte de la médula, el cerebro y las extremidades pierden comunicación entre sí. Las consecuencias son catastróficas. La persona no podrá mover las partes de su cuerpo que hayan perdido dicha comunicación. De esta forma, según el lugar donde haya ocurrido la lesión y el grado de la misma, el paciente puede permanecer inmóvil del cuello para abajo o padecer de parálisis de sus piernas.

Pero ahora el problema, en el bosque molecular de la médula, es aún mayor. La célula viajera que nos ayuda a comprender estas lesiones, estaría frente a un bosque sumamente denso. Esto se debe a que después de la lesión, nuevas moléculas y células se han introducido a esta parte del cuerpo para ayudar en el proceso de cicatrización y, ambas partes de las heridas, son cubiertas de estas nuevas células lo que hace el camino aún más enmarañado de ramas y ramificaciones moleculares y celulares. Este crecimiento impide que las conexiones nerviosas se regeneren ya que no tienen donde ir. Necesitaríamos de un machete miniatura para que la célula misma limpiara este bosque molecular y le abriera paso a las conexiones nerviosas perdidas en el accidente. De este hermoso razonamiento surge el nuevo experimento.

Elizabeth Bradbury y colegas, de la Universidad King en Londres, han utilizado una enzima como machete. El equipo de la doctora produjo lesiones en la médula de distintos ratoncitos para que sus conexiones nerviosas no pudieran comunicar al cuerpo con el cerebro. Luego usaron una enzima bacteriana, conocida como condroitinasa o ABC, acreditada con “comer” carbohidratos y otras moléculas del tipo que se forman en las cicatrices de la lesión. Los científicos inyectaron a los ratoncitos lesionados con esta enzima y, para entusiasmo de todos, después de dos meses del tratamiento, los ratoncitos recuperaron parte de su movimiento. Algunos recuperaron un paso sincronizado para caminar. Un logro notable en las investigaciones de estas lesiones.

“Hemos establecido que, si le limpiamos el paso a las células nerviosas, ellas se encargarán de reestablecer contacto entre el cerebro y el cuerpo. La enzima actuó como una máquina en miniatura para cortar el césped y limpió toda la maraña molecular que impedía la reconexión neuronal”, explicó Bradbury para el diario Nature donde fue publicado el experimento.

Para los neurólogos, este tipo de experimentos puede convertirse en la base de otros parecidos. “Podemos construir puentes que ayuden a las conexiones a moverse, a reconectarse. Con injertos de otras partes del cuerpo, podemos hacer un nuevo camino hacia el otro lado así permitiremos la comunicación esencial entre el cerebro y el cuerpo y la movilidad de estas personas que han padecido estas lesiones”, concluyó.

Se espera que las pruebas clínicas en humanos estarán listas dentro de cinco años. Bradbury aseguró que la enzima utilizada nunca estuvo fuera de control por lo que no puede dañar otros lugares en el organismo del paciente. Los neurólogos, aunque nunca muy optimistas, concuerdan en que ha sido un paso importante hacia un tratamiento práctico en estos pacientes. “En corto plazo”, dijo Lars Olsen del Insitituto Karolinska en Estocolmo, Suecia, “el pronóstico para las personas con lesión completa de la médula espinal sigue siendo desalentador. Aún así, esperamos que en el futuro podamos mostrarnos un poco más optimistas”.


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