Más contexto, por favor

Psicología. Los humanos somos sensibles al contexto y observamos que puede moldear lo que se ve en un rostro. La percepción emocional en una cara está influenciada por muchos tipos de argumentos

El contexto influye en nuestras interpretaciones y conductas. En la comunicación que usamos en el diario vivir necesitamos contexto para comprender palabras, frases y hasta oraciones completas. Pedimos más contenido para asimilar la imagen entera, para percibir el fondo, para completar la canción; el contexto otorga significado al escrito, a la comunicación, al evento y la conducta; es una forma de armar el rompecabezas y comprender de qué realmente se trata.

Y puede tratarse de una palabra en una traducción o de un rostro en un cuento. De hecho, nuevos experimentos indican que si eliminas el contexto de una foto será difícil percibir la emoción que ésta indica de forma acertada.

“En un acercamiento de la cara de Serena Williams, sus ojos se ven tensamente cerrados, su boca esta abierta, mostrando los dientes por completo. Su cara parece repleta de rabia. Hasta que nos alejamos y vemos que la estrella del tenis está en la cancha con su raqueta en la mano y su puño cerrado en victoria. No estaba enojada sino estática pues le había ganado a su hermana Venus en el Open estadounidense del 2008”, explica Lisa Feldman Barret de la Universidad Northeastern, cuyo experimento fue elaborado también por un equipo en el Hospital General de la escuela de medicina de Harvard. “Los humanos somos exquisitamente sensibles al contexto y observamos que puede muy dramáticamente moldear lo que se ve en un rostro”.

No obstante, el inconveniente viene de lejos. Hoy se reconocen de seis a diez emociones básicas biológicas, cada una de ella codificada en un arreglo particular de la cara. Los investigadores sostienen que estas emociones pueden ser observadas y descritas por cualquiera en cualquier lugar. Barrett no está de acuerdo.

“La percepción emocional en el rostro está influenciada por muchos tipos de contextos, incluyendo el de información conceptual y estímulos sensoriales. Puedes leer una mala cara o ceño fruncido si es parte de una lectura que nos describe la escena; identificamos una cara de asco acertadamente si la postura de la persona y el objeto que lo produce son identificados. Experimentos de rastreo de miradas muestran que, dependiendo del sentido que se tome del contexto, la gente se enfocará en rasgos faciales particulares y, en estas áreas, el lenguaje también ayuda”, explica la investigadora.

¿Y la cultura?

De hecho, voluntarios en este nuevo estudio y en otros más, fueron mejores nombrando ciertas emociones en una cara, como truño o puchero, desdeño y sonrisas cuando el científico suplía con un sinnúmero de palabras para elegir que cuando el voluntario tenía que hacerlo solo.

Y también tomaron en cuenta la cultura. Si existe un contexto que influye en nosotros es la cultura en que nos criamos, el tipo de enseñanzas, tradiciones y hábitos que adquirimos; este tipo de trama es vital a la hora de comprender un rostro expresivo. A la hora de interpretar una acción o indagar qué busca una persona, tendremos que disponer de cierta información sobre sus culturas para entenderlos. Los occidentales perciben las emociones como fenómenos que se encuentran dentro de las personas, por eso miran sus rostros, mientras que los japoneses se enfocan más en los alrededores ya que piensan que las emociones surgen de las relaciones.

“Las implicaciones en el mundo real son sustanciales. Por ejemplo, los resultados nos ofrecen nuevas formas de comprender los cambios en la percepción de personas con demencia o ciertas psicopatologías y hasta en ancianos saludables que pueden tener dificultad percibiendo emoción en rostros de caricaturas estáticas pero que no parecen tener problema alguno en el diario vivir. Más aún, individuos que están siendo entrenados para identificar rostros necesitan más que conocer los rasgos, el contexto en el que se mueven”, explica la psicóloga.


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