Los bebés utilizan los sonidos para conocer el mundo

Lingüística. Casi tres decenas de niños de cuatro meses fueron analizados a través de varios métodos que descubrieron una relación directa entre el sonido gutural de las vocales y las características de objetos

Sonidos encontramos por todos lados en la naturaleza y, entre ellos, sus creadores proveen con muchos más estímulos para todos nosotros. Esos pajaritos que escuchamos en el cielo, nuestras mascotas que profieren diversas eufonías y otros organismos en nuestro entorno, incluyéndonos, manifiestan vida a través del audio. Ciertamente, expresar y escuchar son partes privilegiadas de nuestras existencias.

Pues bien, es indiscutible que el lenguaje nos ha beneficiado enormemente. Sin embargo, aunque siempre relacionamos las palabras con el significado, sabemos bien que esos sonidos que no tienen acepción alguna dicen algo y, ahora, un nuevo estudio asegura que aún antes del lenguaje, los bebés aprenden el significado del mundo a través de los sonidos.

Efectivamente, muchos zoólogos, biólogos marinos y primatólogos ya conocían bien el efecto. Escuchamos todo el tiempo sobre los idiomas de otros animales, como los delfines, por ejemplo, que se dice tienen y reconocen los nombres propios para cada individuo, que también se comunican de forma gradualmente limitada a través del sonido. De hecho, de acuerdo con esta nueva investigación, sólo el sonido de vocales, sin añadirlas a ningún vocablo, nos informa que el objeto es agudo y afilado, grande o pequeño, rápido o lento.

Este análisis, realizado por la Universidad Católica de Chile y la Escuela Internacional para Estudios Avanzados en Trieste, Italia, demuestra por primera vez que estas características físicas del lenguaje están asociadas desde muy temprano en la vida y, además, con nociones abstractas.

Los psicólogos se sumieron en la investigación de 28 bebés de cuatro meses de edad que hablan español, dentro de una habitación a prueba de sonidos y utilizando un rastreador de visión. Este aparato, que es hoy usado en muchas investigaciones, se concentra en la ruta de los ojos, especialmente en dónde se detiene y por cuánto tiempo. Los niños estaban con los padres, sentados en sus regazos y los adultos tenían los ojos vendados para no ofrecer pista alguna a los bebés que eran mostrados imágenes varias, como bolas y triángulos de diversos tamaños.

“En estudios anteriores similares, pero con adultos, se descubrió que personas criadas en distintos lenguajes muestran una asociación entre las vocales I y E o entre A y O, si las cosas a que se refería el sonido eran grandes o pequeñas. Hemos visto que esta asociación viene desde edades tempranas. En casi el 100% de los casos, y desde el principio, los bebés dirigían su mirada y la detenían por más tiempo en los objetos pequeños si escuchaban las sílaba I o la E, y en los más grandes si escuchaban A o la sílaba O”, explica Marcela Peña, una de las autoras.

Predisposición por los sonidos

Los investigadores informan que el estudio no indica si nacemos con esta habilidad y la vamos aprendiendo, pero algo es seguro, cuatro meses no es mucho tiempo. Varios especialistas en el habla aseguran que la predisposición hacia los sonidos la traemos en el cerebro, otros dicen que es aprendida; a muchos otros les parece que ambas derivaciones tienen que ver, es decir, están asociadas con el origen y el desarrollo del fenómeno.

“El bebé no está aprendiendo la palabra grande o pequeño, ni bola ni triángulo, lo que hace es explotar o beneficiarse con las propiedades físicas de un sonido que lo ayude a categorizar otra propiedad abstracta de la naturaleza”, dice Peña.

La idea del estudio de la cognición temprana es conocer desde cuándo podemos tener una noción de lo conceptual.

No todo es lo simbólico

“Los resultados nos indican que parte del aprendizaje del lenguaje está basado en las propiedades físicas del estímulo mismo y no sólo en la simbología”, dice Marina Nespor, otra de las autoras.

Ciertamente, la naturaleza del lenguaje, una herramienta trascendental en el Homo sapiens, es uno de los estudios más interesantes dentro de la psicología cognoscitiva y la lingüística. No todo es simbólico o arbitrario sino que también tenemos que concentrarnos en las propiedades físicas del sonido, esa lengua que caracteriza a tantos animales a nuestro alrededor, para descubrir por completo la naturaleza del idioma, sus orígenes y su desarrollo.


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