La buena mesa - Sin Dioses : Literatura profana

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La buena mesa

por Sergio Gaut vel Hartman

El monstruo alzó la vista hacia la luz que se filtraba por la ventana y bebió un largo trago. Satisfecho, se calzó la piel ritual y sintió cómo se ajustaba a su cuerpo escamoso. Dio dos pesados pasos para alcanzar la puerta que comunicaba sus habitaciones privadas con la gran sala en la que ya estaban reunidas sus víctimas, corrió la cortina y los observó: inocentes como ovejas, mansos como jilgueros, impotentes como peces. Entrechocó las garras con deleite. Dio otros cuatro pasos y avanzó hacia el púlpito. Un murmullo de sumisión inundó el recinto. Él abrió las fauces. El veneno se esparció por el aire y los paralizó. Nada como una mesa bien servida; ellos eran deliciosos y él un esclavo de la gula.


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