¿Somos los ateos más lógicos, antisociales e inteligentes?

—Ateísmo y autismo son dos síntomas de la misma enfermedad.

—¿Y cuál es esa enfermedad? —dije aturdida.

—Es un retraso cognoscitivo —comentó—, leí en la revista Psychology que los científicos que estudian la religión han llegado a la conclusión de que la creencia en un dios o en dioses se basa en la cognición social, en otras palabras, en tus relaciones sociales diarias, es eso que llamamos la Teoría de la Mente, en mayúsculas, que es la capacidad de ponernos en los zapatos de los demás, de sentir empatía con la mente ajena. Por ende, si eres autista, e incapaz de “mentalizar”, es probable que también seas ateo.

—No entiendo cómo llegar a esa conclusión. El ateísmo es una forma de pensar que se encuentra distribuido en la población, sin importar estado económico ni social o su capacidad de ser o no empáticos. Las razones que una persona tiene para ser atea son tan distintas como las personas mismas, el único elemento en común muchas veces es la no creencia en dioses. Por otro lado, he leído interpretaciones sobre esos estudios que enfatizan el uso de la lógica en estas personas, su estructura cerebral es distinta, algunas veces nociva para ellos mismos pero no siempre, y como en muchas otras condiciones, los humanos andan trabajando en mejorar lo que no es beneficioso para el individuo. Pero el uso de la lógica no es realmente una enfermedad, especialmente si no va en detrimento de la persona, de hecho, es lo que nos ha ayudado a progresar.

—La enfermedad no está caracterizada por el uso de la lógica sino por la incapacidad de socializar.

—Sin embargo, es posible que sean ateos por su alta capacidad en el uso de la lógica y no por la ausencia de empatía, ya que no vemos esta última en todos los ateos.

La conversación surgió por un nuevo estudio donde se encontró que la mayoría de los autistas dentro del grupo investigado tenía tendencias ateas y a no ser religiosos. De hecho, los más ‘fervorosos’ construían su propia religión. Las conclusiones del estudio eran bien ajenas a la explicación que este doctor en psicología me daba, sin embargo, ya había leído sobre esos conceptos pues otras voces han sugerido varias veces que el ateo suele ser antisocial o por lo menos, difícil en las relaciones e incapaz de entender la necesidad de la fe y la creencia en los demás.

Por supuesto, también sé que la investigación, especialmente la social, es bombardeada con limitaciones por todos lados. Estamos hablando de grupos con una cantidad limitada de voluntarios que generalmente tienen orígenes, culturas y estados económicos parecidos. Y aún cuando los estudios son internacionales, la investigación social requiere de pruebas de corroboración para que sus resultados, o por lo menos algunos de ellos, sean confirmados y aceptados. Sin olvidar, por supuesto, que todo en la ciencia puede cambiar frente a nuevas y más efectivas evidencias, es la parte fascinante y tantas veces frustrante del descubrimiento científico.

Pero me voy por las ramas. Existen varios estudios que vinculan al ateísmo con una inteligencia superior, algunas veces hasta distinta. Es interesante porque en ocasiones el mismo estudio suscita distintas interpretaciones; dentro de ese aspecto, el ateísmo y el autismo también han sido vinculados en varias investigaciones. Por ejemplo, en el 2002, Jesse Bering estudió relatos autobiográficos escritos por personas con autismo pero con una alta capacidad de funcionamiento y encontró que describían a dios como un principio y no como una persona, este principio proporciona orden pero está desligado de los asuntos humanos.

“Es un dios para el intelecto, no para las emociones”, escribe el psicólogo Matthew Hutson en el diario Psychology Today. “Hay descripciones, por ejemplo, donde Dios es como el enredo de millones de partículas que interactúan. A veces me encuentro con personas con autismo que son religiosas, sin embargo, su motivación es impulsada más por la normativa del sistema en la teología que por el antropomorfismo”.

Sin embargo, es posible ver la actuación intensa de la lógica como motivo para la no creencia más que la ausencia de una teoría de la mente. ¿O es que usar la lógica conlleva al detrimento en las relaciones sociales? ¿Querría eso decir entonces que mantener buenas relaciones sociales es malo para la lógica y no permite el desarrollo del ateísmo en ese individuo tan social? No veo cómo responder positivamente a ambas preguntas.

“Cuando la gente ve un evento como una intervención divina, o el resultado de un diseño inteligente, es posible que sus prejuicios teleológicos estén fuera de control pues atribuyen efectos donde no los hay. La científica Bethany Heywood indica que hasta los ateos tienden a decir que ciertas cosas acontecieron ‘por una razón’, por ejemplo, como enseñarles una lección. Sin embargo, los individuos con Asperger dan menos respuestas teleológicas”, escribe Hutson.

Ciertamente, entre las notas en el estudio de Bering, autistas e individuos con Asperger explicaban un mundo donde la teleología era inexistente, no imaginaban por qué las cosas debían de ser creadas por algún motivo especial.

“El mundo que yo percibía era un sistema aleatorio, autosuficiente. No se construyó sino que creció. Cuando era pequeña pensaba que las casas y las carreteras provenían de una especie de planta grande proveniente de la tierra, y si me hubieran dicho que la gente las había construido habría quedado fulminada. No concebía el hecho de que algunas cosas eran creadas por una razón”, expresa una paciente con Asperger en el estudio de Bering.

Nos preguntamos entonces, ¿concebir que un dios creó a la especie es más un problema de lógica que de empatía? ¿Quiere eso decir entonces que ambas están vinculadas? El problema comienza en eso de ponerse en los zapatos del otro ya que al hacerlo, podrías terminar actuando de una forma completamente distinta al dueño de los zapatos.

“Es una lógica defectuosa. Más que nada porque no es inusual la incapacidad de comprender al otro. Hay hasta libros que dicen que un sexo es de Marte y el otro de Venus. Si la población en general es tan buena acertando sobre lo que hay en la mente del otro, ¿por qué necesitan tanto entrenamiento para satisfacer las necesidades de los demás? La realidad del asunto es que todas las personas son diferentes en sus necesidades, e incluso los ‘normales’, o como preferimos llamarlos, los neurotípicos, parecen tener dificultades para comprender todas estas diferencias. Así que, ¿dónde está la línea que separa lo ‘normal’ de la ‘ceguera mental’?”, expresó Lynne Soraya, autora del Diario de Asperger y seleccionada en el año 2011 como una de las 50 personas autistas más inspiradoras en Estados Unidos.

De hecho, ¿por qué pensar que esa capacidad distinta debe considerarse una enfermedad aún cuando no hay evidencias de efectos nocivos? ¿Por qué ese vínculo con el ateísmo debe referirse a la ausencia de algo y no al uso de otra habilidad como la lógica?

Resulta que existe un estudio elaborado en la Universidad Case Western Reserve, en Ohio, Estados Unidos, que muestra que la activación de la red neuronal que nos permite sentir empatía por otros suprime a la red utilizada para el análisis; de la misma forma, cuando la red analítica se enciende, nuestra capacidad de apreciar el costo humano es suprimida. En otras palabras, no podemos caminar y masticar chicle al mismo tiempo; tenemos una limitación en la función neuronal que nos impide ser empáticos y analíticos simultáneamente.

“Es la estructura cognitiva que hemos ido desarrollando”, dijo Anthony Jack, profesor asistente de ciencias cognitivas de la Case Western Reserve y autor principal del estudio. El pensamiento empatético y el analítico son, al menos en cierta medida, mutuamente excluyentes en el cerebro”.

Otros cuatro estudios, como el de Ara Norenzayan y Will Gervais de la Universidad de Columbia Británica y Kali Trzesniewski de la Universidad de California en Davis, encontraron que las personas altamente autistas no suelen creer en un dios personal. Todos los voluntarios eran canadienses y estadounidenses que tomaron las pruebas conocidas como Cociente de Empatía y Cociente del Espectro Autista, mientras más alta la segunda y más bajita la primera, mayor era el índice ateo y agnóstico entre los voluntarios. Cabe recordar, por supuesto, que la cantidad de los estudiados era bien limitada y las culturas bastante similares.

Ciertamente, vemos tendencias extremas en condiciones como el autismo y el desorden de Williams; en el primero la estructura cerebral permite el uso de la lógica, el conocimiento de números y lenguajes analíticos como el de las computadoras, pero también vemos un desempeño social muy pobre. Los pacientes de Williams son distintos, vemos un alto rendimiento social pero una muy baja capacidad analítica.

Pero ¿qué pasa entonces en el cerebro de una persona como yo, capaz de sentir empatía y no sólo con los humanos, con una sentida ausencia hacia el entendimiento del lenguaje numérico y también atea? Puedo entender perfectamente por qué los demás creen en un dios personal y también puedo no entender para nada por qué los demás creen en un dios personal. Depende si uso mi red social o mi red analítica, pero puedo utilizarlas a ambas sin problema. Los neurotípicos también podemos ser ateos, sociables, lógicos en aspectos filosóficos y carecer del amor hacia los números.

Contamos con muchos circuitos en el cerebro y numerosas experiencias culturales y sociales, una de las metas del individuo humano es poder alcanzar el equilibrio entre todas. Las distintas estructuras cerebrales y diferentes experiencias sociales nos dicen cuáles caminos fueron los elegidos en el mundo de cada cual, cuáles circuitos han sido usados en demasía, cuáles permanecen inactivos y cuáles cerebros han tenido la suerte de aprender a usarlos todos en su casi justa medida y adaptarlos bien a sus circunstancias.

Como bien lo dijo el físico Stephen Hawking, “inteligencia es la habilidad de adaptarse al cambio”.

La inteligencia aprecia lo novedoso

La paranoia es la razón detrás de la creencia en dios

Tienden a desdeñar tradiciones y poseen distintas expectativas de la vida, más allá del viejo emparejamiento con los subsiguientes hijos y demás. Además, suelen exhibir valores nuevos para la especie en su historia evolutiva; ahora, en el siglo XXI, por ejemplo, ser más abiertos a las diferencias, el ateísmo y para los hombres pero no las mujeres, la preferencia por la exclusividad sexual, se correlaciona con una mayor inteligencia. Investigaciones han indicado que alejarse de los instintos biológicos y hábitos culturales que forman conductas juiciosas y discriminatorias es un indicador de la inteligencia.

“La inteligencia general, es decir, la habilidad para pensar y razonar, le daba a nuestros antepasados ventajas en la solución de problemas nuevos para los que no tenían soluciones innatas”, dijo Satoshi Kanazawa, psicólogo evolucionista de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas en Londres. “Como resultado, las personas más inteligentes son más propensas a reconocer y comprender estas situaciones nuevas que las personas menos inteligentes, y algunas de estas entidades y situaciones son las preferencias en los valores y estilos de vida”.

De hecho, el mismo investigador realizó un estudio anterior donde encontró que los más inteligentes también eran más nocturnos, despertándose más tarde en las mañanas. Explicó entonces que serlo es algo más novedoso, ya que antes de tener luz artificial, nuestros ancestros se dormían después del atardecer y despertaban antes de que amaneciera.

“Evolutivamente somos conservadores, nos desarrollamos en el cuidado de familiares y amigos, ser liberal, sin embargo, es preocuparse por un número indeterminado de personas no relacionadas genéticamente con las que no interactúan. Eso es algo evolutivamente novedoso. Nuestros resultados sugieren que los niños más inteligentes son más propensos a ser más liberales en su forma de pensar”, explicó Kanazawa.

Los resultados de estas investigaciones no son los únicos. Respuestas similares fueron encontradas a través del Estudio Nacional Longitudinal de Salud Adolescente (Add Health) en Estados Unidos que asegura que los adultos jóvenes que subjetivamente se identifican a sí mismos como muy liberales y abiertos de mente, tiene un coeficiente intelectual promedio de 106 durante la adolescencia, mientras que los que se identifican a sí mismos como muy conservadores, tienen un coeficiente intelectual promedio de 95 durante la adolescencia.

Ciertamente, la religión no está presente en todos los conservadores ni ausentes en los liberales, sin embargo, se ha estudiado que es un subproducto de la tendencia humana a percibir la intención en agentes invisibles como las causas de los acontecimientos. En otras palabras, ver como que en todo lo que ocurre está la mano de dios detrás.

“Los seres humanos están evolutivamente diseñados para ser paranoicos y creen en Dios porque son paranoicos”, dijo Kanazawa. “Esta predisposición innata hacia la paranoia nos sirvió bien cuando el instinto de conservación y la protección de las familias y clanes dependían de extrema vigilancia hacia todos los peligros potenciales existentes. Hoy, los niños más inteligentes son más propensos a ir en contra de esa tendencia evolutiva natural de creer en Dios y convertirse en ateos”.


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