El tránsito y los infartos

Investigación. Un nuevo estudio elaborado por científicos alemanes llega a confirmar resultados anteriores donde se había descubierto un vínculo directo entre los ataques cardiacos y la exposición al tráfico pesado de una ciudad.

Si usted maneja en la ciudad frecuentemente, es probable que el descubrimiento no le sorprenda. No es un secreto, ni siquiera a nivel mundial, que las ciudades muy pobladas, tanto grandes como pequeñas, requieren de una estructura extra que proporcione un poco más de orden a la cantidad de vehículos que intentan, en muchas ocasiones, ocupar un lugar en el tránsito que ya está obstruido. Tampoco es un misterio que la acción de manejar puede afectar su estabilidad emocional, por eso, y a raíz de estos nuevos resultados de estudios internacionales, intente subirle el volumen a la música y deje pasar a esa persona que cree ir manejando una ambulancia, es posible que estas estrategias protejan a su corazón.

Los especialistas estaban reunidos en la tertulia número 49 de la Conferencia Anual de la Asociación Americana del Corazón para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares y Epidemiología. El tema tiene un impacto directo para todo aquel que maneje en ciudades congestionadas y no tan congestionadas. Los expertos aseguran que ya conocían de datos que relacionaban transitar en un auto con los primeros síntomas de un ataque cardíaco, ahora, un grupo de científicos en Alemania confirma estas aseveraciones.

“Las cifras son elevadas ya que hemos descubierto que los pacientes que han tenido ataques al corazón tenían tres veces más la probabilidad de haber estado manejando en tránsito pesado por lo menos una hora antes de que los síntomas comenzaran. También descubrimos otra posibilidad, más pequeña aunque aún así estadísticamente relevante, de un infarto seis horas después de exponerse al tránsito”, explicó Annette Peters, autora principal del estudio del Instituto de Epidemiología Helmholtz Zentrum Muchen.

Curiosamente, los autos son sólo parte del problema y es, indudablemente, el estrés creado por el tránsito el responsable de mortificar el músculo bomba más importante del cuerpo. “Hemos encontrado que las personas que toman transporte público y los que andan en bicicleta también tienen un probabilidad más alta de sufrir un infarto. De hecho, en general descubrimos que el tiempo pasado en cualquier modo de transporte está asociado con un riesgo de 3.2 más alto que la persona que no ha estado navegando en el tráfico citadino. Más aún, las mujeres, los ancianos, los pacientes sin empleo y los que ya han atravesado por una angina son los más afectados por el tránsito”, dijo Peters.

No todo es causado por estrés

A pesar de que es muy fácil (y aparentemente lógico) deducir que el estrés generado por el manejo destructivo y desorganizado de la ciudad (como en Santo Domingo) es el enemigo principal de su corazón, sin embargo, las cosas no son tan simples en la investigación científica. Aunque el estudio alemán no fue diseñado ni estructurado para apuntar a las causas que favorecen un infarto luego de manejar, los especialistas piensan que un factor potencial que desencadena el problema es la polución del aire causada por las emisiones de otros carros. “Por supuesto, es imposible excluir la sinergia que ocurre cuando esta contaminación es combinada con el estrés que produce manejar. Esta combinación puede mover la balanza hacia el lado del infarto”, advirtió Peters. “En nuestro estudio descubrimos que el 8% de los pacientes sufrieron infartos después de exponerse al tránsito, aunque no es un porcentaje mayoritario, tampoco es una cifra sin importancia”.

Otras actividades extenuantes

Los investigadores se concentraron en estudiar los casos de ataques al corazón recogidos por la agencia de registros Kora, para Alemania del Sur entre los años de 1999 y 2003. Los científicos utilizaron unas pruebas estándares de entrevistas a 1,454 pacientes mediante las que recolectaron los daros sobre posibles desencadenantes de estos infartos, incluyendo la exposición al tránsito. La edad media de los pacientes estudiados era de 60 años y 25% de ellos era mujer. Los resultados de los estudios también encontraron otros desencadenantes ligados con actividad extenuante como jugar fútbol, pintar paredes o techos o limpiar la nieve con una pala también subía las probabilidades hasta en seis veces más. “En el año 2004 publicamos el primer estudio donde notamos esta relación entre infartos y tránsito y volver a ver la relación confirma que, indudablemente, hay una relación, un vínculo directo entre el tráfico citadino y los infartos”, aseguró Peters. Los investigadores proponen estrictas medidas para limpiar el aire, ya que la contaminación también juega un papel importante en el evento.


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